Fin de década(s)

Un artículo reciente de The Guardian –entre miles que han salido en estos días, dedicados a repasar y resumir las tendencias de los últimos diez años– contiene un pasaje que me parece significativo: tras observar que cuesta trabajo encontrar un solo acontecimiento o tendencia crucial en la década, sobrecargada como estuvo por novedades y anuncios sensacionales o catastróficos olvidados casi de inmediato, el periodista cultural Simon Reynolds escribe que «la razón por la que se siente que nada ha pasado en los 2010s es que ha pasado demasiado. Cada acontecimiento fue instantáneamente borrado por la embestida del siguiente, y del siguiente.»

Reynolds continúa diciendo que la experiencia de las artes y medios del presente –como, agrego yo, la de todas las otras facetas de la existencia– va a estar cada vez más fragmentada en cuentas personales de redes sociales, más compartimentada por algoritmos personalizados de recomendación y vigilancia. Esta habrá sido la década de la desintegración, de la cancelación definitiva de puntos comunes de referencia en las sociedades occidentales.

O bien (temo yo, pero no solamente yo) será la década de la anestesia: la sobrecarga de información que adormece no sólo nuestra conciencia del tiempo sino nuestra capacidad de acción en el mundo, y todas nuestras emociones salvo las peores.

Esto no quiere decir que todos tengamos que convertirnos en siervos de las dictaduras virtuales, sumergidos en un mar de desinformación en el que nada se puede comprender más allá de su momento preciso y nada importa. Tal vez podríamos dar un paso atrás: salir de las redes sociales, mirar el mundo delante de nosotros, usar tecnologías obsoletas para comunicarnos. Tal vez entonces veríamos que lo real sigue estando ahí, y que nuestras realidades –nuestras distintas experiencias de lo real– sí pueden tener puntos de contacto. Me dan esperanza textos como este de James Hatch, un hombre de pocos años más que yo que intenta y consigue comunicarse con (y aceptar a) jóvenes adultos de ideología muy distinta de la suya. Y también me da esperanza encontrar que ciertas observaciones acerca del mundo (mías, incluso, como este artículo acerca de la política y la literatura que rodeaban a la serie House of Cards, de 2017), se siguen sosteniendo aun si son formuladas en esta época caótica. La distancia les da sentido.

En cualquier caso, más vale ir aceptando que estar en el mundo se va a parecer, en muchos aspectos, a escribir en un blog de los de comienzos del siglo XXI: será estar en un espacio que se siente propio pero es limitadísimo, hablando incesantemente sin garantía de que nadie escuche, y además con el agregado de que la precariedad de la vida física es mayor, igual que la de la virtual.

Entre otras razones, por esa existe este sitio, que prolonga lo que estuve haciendo los últimos quince años en mi sitio «previo»: Las Historias. Aquel lugar virtual sigue en marcha, pero ahora como una antología de cuento y un archivo de todas sus publicaciones anteriores. Mi presencia en línea más frecuente y cercana estará acá. Usaré alguna que otra red social porque no hay más remedio, pero no quiero simplemente darles mi información y mi atención. Si hay quien quiera venir aquí, estará bien. En el costado de la página se ofrecen maneras de recibir avisos cuando este sitio se actualice que no requieren intermediarios.

Otras razones para abrir este espacio nuevo son prácticas: concentrar información, referencias, etcétera. Y otra más, la verdad, es sentimental: me hacía falta hacer algo en este fin de década, aunque fuera para marcar el momento a mi propia manera.

De hecho, me resulta más valioso (más inquietante también) comparar estos momentos con los de hace dos décadas, precisamente cuando estaba empezando lo que ahora llamamos la vida virtual. Algunas cosas han cambiado mucho en mi vida como escritor y como persona, y otras se han mantenido casi iguales. Ahora veo patrones, repeticiones en los hechos a mi alrededor que sugieren los límites de mis posibilidades: lo que no alcanzaré a hacer incluso si viviera otro siglo. Y, desde luego, ahora soy mucho más consciente de que no viviré para siempre. Se dice, de modo frívolo, que cada vez que alguien muere se acaba el mundo…, de forma subjetiva, por supuesto: para esa persona. Pero algo que se vuelve más y más importante con la edad es lo contrario: la necesidad de distinguir entre el final de todas las cosas –si es que tal cosa puede suceder, si va a ocurrir de algún modo durante nuestra vida– y nuestro propio final.

Así que estas páginas eléctricas tendrán también un poco de escritura alrededor de ese tema. No creo que lleguen a ser leídas por millones (eso era imposible incluso hace veinte años), pero serán, mientras duren, parte de lo que se irá alejando del ruido y el griterío de cada hoy: lo que estará esperando para ser leído luego, a la distancia, por quien tenga que encontrarlo.

Les doy la bienvenida.

Mi gato Primo, que ha crecido con el siglo, les manda saludos, junto conmigo.

Extra: les dejo un poco de música para el fin de la década, proveniente de una década (de un milenio) diferente:

Christopher Simpson, músico inglés del siglo XVII, tiene aquí composiciones para viola y acompañamiento sobre las estaciones del año, los meses «y otras divisiones del tiempo». No es una obra cercana, no es una novedad. La distancia es, también, lo que le da sentido. Nos vemos en la tercera década del siglo XXI.

9 comentarios sobre «Fin de década(s)»

  1. Gracias por compartir querido Maestro.
    Un año que se esfuma en forma intempestiva, dejando la sensación de lo inalcanzable. Sin embargo, una conciencia basta de entre quienes lo han conocido para dar sentido a su paso, en este pequeñísimo momento del universo.
    Pero usted no tiene una, sino miles de gran nivel y también otras, entre ellas la mía.

  2. Maestro Gracias por compartir. Lo conocí en el diplomado de creación literaria en Cancún, me inspira leerle. Me agrada esta forma de cerrar-iniciar una década.
    También me agradó la música. Ahora le leo desde el rancho de mi madre; también estoy en mis rituales de cierre de ciclo. Sigo sus letras. Lo mejor para este 20 que está por caernos.
    CCC

  3. Gracias por crear un espacio sosegado de lectura y pensamiento y música. Vamos a tener que inventarnos una forma sociovirtual de compartir que no sea un pulpo que succione nuestra vida, algo como un tejido orgánico donde todos ponemos las puntadas. Una red que nos soporte al caer, no que nos atrape al nadar. Abrazos, querido Alberto, escritor y Maestro.

  4. Alberto querido, recién hoy 22 de enero entré a este nuevo y maravilloso espacio. Solo decirte GRACIAS por tu generosidad sin limites. A mi me da esperanza saber que existen seres humanos como tú. Y me da alegría, la suerte de conocerte. Un abrazo muy agradecido desde Lima.
    Kathy

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