Anotaciones

Del FONCA

Escribo esto en la noche del 16 de abril de 2020, mientras en internet se discute el futuro (o la falta de futuro) del FONCA –Fondo Nacional para la Cultura y las Artes–, el FOPROCINE y otros fideicomisos mantenidos hasta ahora por el gobierno mexicano para el apoyo de proyectos culturales y artísticos. No está claro qué va a suceder: el gobierno da señales confusas y todo está revuelto entre los gritos de partidarios y enemigos del régimen en las redes sociales.

Esto es únicamente mi opinión, aunque –por supuesto– la sostengo.


Actualmente no tengo apoyo del FONCA, pero sí lo he tenido. En esos periodos he trabajado en los proyectos para los que pedí financiamiento, y también, a la vez, en otros, en los que avancé además de cumplir con lo que me había propuesto hacer inicialmente, porque dispuse de tiempo para ello y porque el trabajo artístico es difícil de limitar a horarios y calendarios: si se puede abordar de lleno, siempre termina exigiendo no menos, sino más tiempo…, lo cual es un problema en una época en la que la escritura es un trabajo sin ningún tipo de regularidad ni seguridad.

(La precarización del trabajo freelance es una realidad que muchas personas conocemos desde hace décadas.)

Con esto quiero decir que el contar con estos apoyos sí supuso, al menos en ciertos periodos, la diferencia entre poder hacer siquiera esa actividad que me interesaba y tener que abandonarla. No es cierto que «cuando se quiere» se puede trabajar sin recursos, o al menos no lo es en una sociedad desigual. Muchos colegas pueden decir lo mismo.

Y, por otro lado, también puedo decir lo siguiente: mi trabajo ha sido completado, ofrecido al público, elogiado en algunas ocasiones, aceptado por el público en otras. Ha tenido reconocimientos nacionales e internacionales y, mejor aún, se ha convertido en parte de la vida de un buen número de personas. No ha quedado inconcluso, ni inédito, ni ignorado, ni limitado a un número pequeñísimo de entendidos. Como el de muchos otros colegas, ha incidido en su entorno. Ha dejado una marca, por pequeña o efímera que pueda ser.

Incluso, aunque parte de él se ha comercializado, otra parte se ha ofrecido gratuitamente de manera parcial o total, y parte de las actividades adicionales que he realizado con el tiempo que me ha facilitado tal o cual apoyo ha sido gratuita también: actividades de difusión y de divulgación que continúan hasta hoy y que hago porque puedo hacerlas.

Todo esto es importante porque hay algo que cualquier gobierno debería poder apreciar (aunque no falten ejemplos de lo contrario): los efectos positivos que puede tener una obra y una carrera artística son reales. Sí es posible que el incidir en el entorno mediante las artes haga un bien, que fortalezca la conciencia de la vida en sociedad, que ayude a los individuos a profundizar en sus propias vidas, que vaya más allá –mucho más allá– que el ejercicio de un presupuesto o el mimo a un grupo o un estrato social. Ha habido gente perezosa, mediocre, inconstante, esnob, corrupta que ha obtenido apoyos; pero ha habido otros que han hecho (hemos hecho) lo debido con ellos. Muchos son más famosos, más prestigiados que yo: sus nombres se conocen.


Por estas razones, no creo que los apoyos a la creación artística deban verse solamente como un lujo, un desperdicio, un «mecanismo de cooptación» o de arreglos con grupos de presión. Pueden ser más y lo han sido.

Si los fideicomisos cuyo destino parece en juego en estos días desaparecen, se reducen hasta la irrelevancia o se convierten en una agencia gubernamental de premios y castigos –algo que nunca han sido por completo, ni siquiera en sus peores épocas– todos en el país, y no solamente sus artistas, estaremos un poco peor.


Nota del 17 de abril: estamos, desde luego, en medio de una emergencia sanitaria global, y lo más importante en este momento es evitar que el SARS-CoV-19 (el coronavirus) se propague, así como procurar que haya tan pocas infecciones y muertes como sea posible. No debería ser necesario decirlo, pero lo digo de cualquier manera. Y agrego que el asunto al que esta nota se refiere no es solamente una cuestión de este momento: la ¿extinción? del FONCA y otras instituciones semejantes no se propuso como respuesta a la emergencia, sino como parte de un plan de austeridad gubernamental, que se ha podido ver en recortes diversos desde hace un par de años.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

8 pensamientos sobre “Del FONCA”

  1. No debería desaparecer. Me parece que dices bien, el país estará peor sin él. Creo que es un apoyo muy importante que ha rendido frutos a lo largo de los años. Este tipo de estímulos deben prevalecer.
    Muy atinado su artículo, maestro Chimal.

  2. Luis León dice:

    Hola Alberto, la verdad es que estoy de acuerdo en que es muy importante, y más en periodos así donde gran parte de la población se remite a disfrutar de las obras producidas por personas de índole artística, y ahondando un poco más en lo que dices, a veces mucho de ese material no existiría si no fuese por incentivos de este tipo.
    Lo que luego cuesta trabajo valorar o resulta en que no sepamos bien a qué atenernos es cuando hay una disyuntiva entre: ¿a qué hace falta dedicarle más recursos? ¿a la cultura o a cuestiones de salubridad y necesidades básicas? Luego lo malo es que ni a una ni a la otra parece que le dedican lo suficiente y por eso tenemos muchas situaciones desfavorables en el país.
    Frecuentemente he leído de la pluma de muchos autores, que a través de la historia la cultura se suele desarrollar más (o entra en una época dorada) cuando hay serenidad y no hacen falta muchas otras cosas en la nación (aunque es cierto de manera inversa que en momentos de crisis como estos, también hay mucha producción cultural).
    Como digo, uno no sabe bien qué pensar en situaciones así, y estos son algunos pensamientos o inquietudes que me surgen tras leerte. En fin, ya es algo tarde. ¡Buen artículo!

    1. Gracias por venir a leer. En efecto es tarde; se podría discutir largamente a partir de lo que dices. (Nada más diré que –me parece– nadie discute que lo más importante es la salud y la supervivencia de la población…, pero tampoco estamos en una situación en la que todo el dinero del país se esté gastando en fideicomisos. En fin. Gracias otra vez.)

  3. En España está pasando algo parecido.Te doy toda la razón Alberto ,sinceramente espero que esta situación sea pasajera.Un saludo.

  4. En Ecuador no hay un fideicomiso tal como el FONCA, acá hay fondos muy puntuales y muy limitados; y cada tanto están en vilo dependiendo de la gestión gubernamental de turno. Desde mi punto de vista, esa falta de un fondo permanente y –con sus claroscuros– en general la gestión de lo poco que se tiene ha llevado a que la literatura producida en Ecuador tenga muy poca circulación, un circuito de lectores y de públicos muy cerrado, y un largo etcétera. Ojalá resuelvan la situación de la mejor manera y que la producción artística siga teniendo las subvenciones necesarias.

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