Anotaciones

Amparo Dávila (1928-2020)

El trayecto de la obra de Amparo Dávila es improbable, extraño, bello: hoy, que apenas ha pasado un día desde su muerte, esta escritora mexicana debe tener más lectores que nunca, y es a su propio modo una figura canónica de la literatura en castellano. Pero antes estuvo en la sombra.

De hecho, su historia podría haber sido la de otros cuentistas y poetas, otros practicantes de la imaginación fantástica, u otras escritoras en un país machista como México. Dávila publicó, fue más o menos leída por un tiempo y luego entró en el olvido…, pero más tarde, de manera improbable, salió de él. Y más tarde aún vivió para verse reconocida y honrada, y es hoy querida y frecuentada como no lo son ya otras figuras con las que ella compartió el “escenario” de las novedades literarias. Basta mirar alrededor: hoy le lloramos más de lo que se lloró a otros de esos colegas, y la noticia de su fallecimiento, aunque ya se esperaba, fue ayer un golpe más fuerte.

El proceso de canonización de Amparo Dávila fue lento: al Premio Xavier Villaurrutia que obtuvo Árboles petrificados, su tercera y última colección de cuentos, en 1977, siguió, ocho años después, Muerte en el bosque, una antología aparecida en la venerable colección Lecturas Mexicanas, que sigue siendo la más importante de sus publicaciones hasta la fecha, al menos en el sentido de que fue una edición accesible, popular y de gran tiraje que la presentó a una nueva generación de lectores, jóvenes entonces, que se dejaron fascinar por sus narraciones. Yo mismo estuve entre quienes llegaron a Dávila por Muerte en el bosque: de esos iniciados en uno más de los tesoros escondidos de la literatura mexicana, como Pedro F. Miret, Francisco Tario, Gabriela Rábago, Arturo César Rojas y otros que no siempre han conseguido volver a ver la luz. Como ellos, Dávila también pasó largos años viviendo de prestado, pasando de persona a persona en libros medio deshechos, en fotocopias de fotocopias, en conversaciones animosas y usualmente nocturnas. Nosotros tuvimos que dar los siguientes pasos, ya en el final del siglo XX y el comienzo de éste, para que se volviera a hablar de Amparo Dávila. Quienes pasaron a enseñar literatura la recomendaron, quienes pasaron a editar la reeditaron, quienes pasamos a escribir lo hicimos, con frecuencia, bajo su influjo. Ahora podemos ver a otras personas, muchas otras, recibiéndola con felicidad, recomendando su lectura.

¿Por qué atrae la obra de Amparo Dávila? Por ser única: antes de su aparición, nadie había intentado entre nosotros su combinación tan particular y precisa del ambiente cotidiano, doméstico, agobiante en el que han vivido muchas mujeres mexicanas; del amor por el lenguaje cotidiano y el literario, que se persiguen y se encuentran ya desde en sus poemas en verso, y lo hacen con más fuerza aún en la prosa; y de la imaginación fantástica, que es la raíz inquietante, misteriosa, de todo su mundo narrativo. Más de un crítico se ha hecho nudo intentando reducirla, confinarla en alguna categoría manejable (“escribe metáforas de la realidad social”, “escribe literatura femenina”, etcétera), y siempre ha acabado por mostrar sus propios límites y no los de Dávila.

Ella aún nos sobrepasa: que siga así para siempre.


Paisaje de la Ciudad de México
En estos días de encierro, esto se ve por mi ventana: pienso que podría ser una escena de un cuento de Amparo Dávila.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

4 pensamientos sobre “Amparo Dávila (1928-2020)”

  1. Ulises Rdz O dice:

    Muchas gracias Maestro Alberto.
    Lo que he leído de ella me parece muy bueno, extraño como usted dice, pero a la vez verosímil.
    Sin duda su semilla esta por ahí, ojalá reaparezca en pedacitos de ella.

  2. Marcela López dice:

    Gracias por compartir estas reflexiones, una escritora que afortunadamente en vida disfrutó de reconocimiento.

  3. Isaías Espinosa dice:

    Estimado Alberto Chimal:
    Recientemente, gracias a una publicación en La Jornada, supe de la existencia de esta escritora. La lectura de un par de cuentos de su autoría fue suficiente para situarla en el pedestal de los grandes cuentistas latinoamericanos. Quedé gratamente sorprendido con su prosa y un poco avergonzado, debo decirlo, por desconocer su obra.

    Isaías Espinosa

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