Anotaciones

Gladiadores

Gladiadores romanos con espadas de madera.
Giovanni Francesco Romanelli, 1635-1639. Óleo sobre tela. Museo del Prado

Hace unas semanas desactivé mi cuenta personal de Facebook. Debo decir que no la extraño. Y en estos días, que he estado podando un poco mis otras redes sociales –como otros adictos, me acerco despacio y con cautela a la propuesta de Jaron Lanier de borrarlas todas–, hice un descubrimiento curioso.

Mi tarea de poda se ha llevado, entre otras, a muchas personas de mi generación: colegas escritores y escritoras de este país, nacidos alrededor de 1970, diez años más, diez menos. No es que haya seguido nunca a todos los autores de mi edad (hubiera tenido que emparejar mi directorio de contactos con las antologías literarias), pero a un buen número de los que seguí en un tiempo los he eliminado, silenciado o, de plano, bloqueado.

Hay personas queridas entre las que tienen mi edad; esos contactos los conservo, desde luego, sin importar a qué se dediquen. Hay otras que tienen un carácter –o una personalidad en redes– que permite leerlas incluso si no hay verdadera cercanía. Pero los contactos casuales o profesionales no necesitan que yo lea todo lo que publican, y menos todavía los trolls, los fariseos, los mamones (no hay mejor palabra para describirlos) ni los creadores de contenido tóxico.

Además, me he enterado de que tengo aproximadamente una docena (que yo sepa) de enemigos declarados. Esos no volverán a ver una palabra que publique en línea, si puedo evitarlo, y dos están denunciados por acoso en las redes correspondientes (lo cual, ya sé, sirve de poco, pero en fin).

Recuerdo la ingenuidad de la persona que fui hace veinte o treinta años: aquella que pensaba que la amistad podía ser más fácil y más sincera, más desinteresada, y me entristezco. Pero otra parte de mí piensa que debió haber hecho esta reducción incluso antes de que se inventaran Facebook o Twitter. Será que estamos en la mediana edad, y nuestro pensamiento se está calcificando, pero la mayoría de esos colegas que ya no voy a leer más que en sus libros se dedican a pelear en línea con las mismas palabras, las mismas bravatas e insultos «velados», la misma pedantería que empleaban en sus blogs a principios de este siglo. En ese tiempo peleaban por un sitio en el «canon» literario o lo que ahora se llama el cognitariado. Ahora, algunos tienen eso que deseaban, otros no, pero por dentro siguen en el mismo lugar: empeñados en golpear con palabras, cortar cabezas metafóricamente, destruir a alguien, a quien sea, en su imaginación. Será que el mundo simplemente los alcanzó y que todos nos dedicamos a lo mismo, a todas horas, con la ayuda de las herramientas digitales de hoy.

Por otra parte, la mayoría de esos gladiadores virtuales es de hombres. Esto puede ser significativo. E igual puede serlo el hecho de que ya están (estamos) en la bajada de sus carreras y sus vidas. A veces creo detectar un poco de desesperación –velada, inconsciente– en algún tuit o meme.

Pero no soy sociólogo y el espectáculo, que en su día era deprimente, ahora lo es más. Habrá quien quiera ver a un cincuentón presumir el largo de su espada todo el día; yo, no.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

14 pensamientos sobre “Gladiadores”

  1. Rafael López dice:

    Necesitaba leer algo así. De nuevo, gracias, Alberto.

  2. MARCELA GEORGINA LÓPEZ HERNÁNDEZ dice:

    Excelente ejercicio. Los conocidos que no aporten algo constructivo mejor que no estorben. Un abrazo.

  3. Es una decisión muy saludable, Alberto. La verdad es que muchos advertimos esa obsesión de algunos por hacer daño. Algo está pasando, pero, por supuesto nadie queremos vernos envueltos en guerras de palabras, ataques, envidias. Somos amantes de la paz, y por la paz mental, a veces hay que salirse de círculos tóxicos. Un abrazo

  4. PERLA SUSANA DELGADO VELASCO dice:

    Te comprendo, yo también solía creer que la amistad podía ser desinteresada y sincera. Aún lo creo; sin embargo, aprendí que es difícil encontrar a las personas con quienes construir esa relación. Gracias a mi inexperiencia perdí dinero, cosas, y lo más importante, mi capacidad de confiar y abrirme. Con el tiempo he superado el dolor de las traiciones y aprendí a perdonarme por permitir abusos. Ahora soy capaz de volver a tener amigos, aunque tengo pocos, se que son una bendición y agradezco el que existan. Gracias por tu reflexión, un abrazo.

  5. Cecilia Miranda dice:

    Me gusta leerte porque eres muy sincero y transparente, creo que dices algo muy cierto y que pocos se atreven a decir, es la parte oscura de las conexiones o comunicación a través de la tecnología. No obstante, gracias a ella pude encontrarlos a tí y a Raquel, yo no soy escritora pero me gusta mucho escucharlos y en últimas fechas leerlos. Y no creo que estés «en la bajada de tu carrera». Nunca me había «suscrito» (no sé si así se dice) a una página de internet, pero ahora cuando recibo un mensaje en mi correo, de una entrada en esta página, me ilusiono porque compartes reflexiones y textos muy estimulantes. Gracias.

  6. ML Govela dice:

    Muchas gracias por tus palabras, Alberto. Necesitaba leer algo así.

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