Especiales

Cincuenta

Would you like to say
something before you leave?

«Summer 68», Pink Floyd

1

Hoy cumplo cincuenta años.

Le damos mucha importancia a los aniversarios que son múltiplos de diez, de cincuenta, de cien. Nuestros sistemas de numeración los hacen parecer más llamativos: sugieren más tiempo transcurrido, o más resistencia contra el tiempo, que el aniversario 3, el 17, el 44.

Y también producen algunos efectos extraños. Por ejemplo, hace días alguien se enteró de mi cumpleaños por venir y dijo “Uy, estás entrando al segundo tiempo”. La sola palabra Uy contenía muchos significados: expresaba incomodidad, debida al reconocimiento discreto de un mal, y a la vez a la intención benévola de evitar que yo me concentrara en ese mal. El “segundo tiempo”, después de todo, es el del partido de futbol de la vida, tras del cual no queda mucho más.

Cuando se llega a esta edad, se pueden agradecer incluso esos gestos de cortesía. Me encantaría creer que va a haber realmente algo como un segundo tiempo, pero sé que no: ni eso.

El medio siglo sugiere naturalmente la idea de “la mitad”: el cincuenta por ciento. Pero además de que muchas personas nunca alcanzan los cincuenta, ese aniversario difícilmente va a ser “la mitad” de nada. Muy pocas personas llegan a los 100 años. Casi invariablemente, al llegar a los cincuenta ya hemos pasado, sin darnos cuenta, la marca de la media vida: cruzamos esa línea divisoria en algún momento que sólo vamos a identificar, si tenemos tiempo y conciencia suficientes, a la hora de la muerte, dividiendo entre dos la edad que lleguemos a tener entonces.

En estos días he pensado bastante en esta cuestión. Hasta donde sé, mi padre biológico (larga historia) seguía vivo poco antes de declararse la pandemia. Ya estará por cumplir 81 años. Mi madre, en cambio, murió de cáncer a los 55. Sin querer sonar patético ni nada parecido, y aun tomando en cuenta lo complejo que es el problema de estimar la expectativa de vida de una persona, existe la posibilidad de que no pueda saludarles en otro aniversario que sea múltiplo de 10. Ya veremos. O ya lo verán ustedes.

Por eso aprovecho y escribo estas palabras hoy. Hola.

2

Este tiempo de pandemia nos recuerda (o a mí me recuerda) que somos simplemente materia: materia que se organiza, que se mantiene organizada por un tiempo, que consigue la conciencia.

Tengo que abordar estos asuntos pensando en el lenguaje: es una deformación profesional, evidentemente. Lo cierto es que no parece haber muchas otras formas de abordarlos. Mediante el lenguaje llega a ti lo que intento decir. Mediante el lenguaje podemos concebir y enunciar que una mente se figura a sí misma, y así describir el gran milagro, el único verdadero: el modo en que el lenguaje, igual que hace con la conciencia, nos permite enunciar todo lo demás, incluyendo aquello a lo que llamamos milagroso.

Por medio del lenguaje, la conciencia –subproducto de la actividad de ciertos organismos vivientes– es capaz de inventarse deseos, argumentaciones, explicaciones, conjeturas, mitos, filosofías. Historias. Es capaz de comprenderse. Es capaz de creer, como creemos casi todos, que el universo existe sólo para ella, que ocupa el centro y lo demás ocurre a su alrededor. Es capaz de racionalizar cualquier revés, cualquier sinsentido, cualquier temor, y convencerse de que su existencia tiene justificación: vindicarla, como hubiera escrito Borges.

Las historias son puro aire, desde luego, o menos aún: puros símbolos intangibles. Aunque desde adentro no parezca así, en realidad importa muy poco lo que le sucede a esta porción de materia que soy, o a la que eres tú, cuando se le compara con el mundo o con el universo. Pero aquí estamos, y aquí está nuestro pensamiento.

Hay personas no creyentes que encuentran en esto una lección de humildad y un sentimiento de liberación. Somos transitorios, dicen, mas lo que existe, mientras existe, es suficiente bendición y maravilla. Las historias que se inventa la conciencia de cada una de ellas les permiten apreciar así nuestra situación general.

3

Por otra parte, están los padecimientos y crisis personales (que en mi caso incluyen al menos un problema crónico, pero de eso no escribiré, al menos ahora).  

Y hay otra cosa importante que ha sucedido con la pandemia.

Ya sabemos: todo parece estar transformándose en el mundo, que se siente también como en una crisis universal, una crisis hecha de otras crisis, que destruye incluso los asideros que parecían más firmes, las mayores certidumbres. Vienen más y peores convulsiones. Está muriendo gente. El orden de las cosas, de la misma naturaleza, se está (parece) terminando, gracias a la estupidez y la codicia generales. Y puede que yo tenga trabajo ahora –lo tengo–, pero mañana quién sabe. ¿Va a tener sentido continuar –incluso dentro del terreno diminuto en el que puedo actuar y vivir hoy– cualquier proyecto personal, cualquier idea o convicción de las que he defendido? ¿Habrá manera, espacio para que lo intente siquiera?

Contar historias que nos justifiquen se vuelve más difícil en estas circunstancias. Por eso más y más personas recurren a las narraciones simples, vulgares, enérgicas, infinitamente feas del odio.

Sin embargo, el lenguaje que intenta justificar la vida es, quizá, parte de ese impulso animal que también nos ayuda a persistir. Ahora mismo, el lenguaje se empeña en tratar de ayudarme. Por suerte, me digo, funciono: lo que a veces me golpea aún no me aniquila. Por suerte, me digo, la verdad es que uno nunca sabe cómo va a cambiar o a continuar la vida. Por suerte, aun si todo falla, si yo fracaso, si estuve equivocado desde el principio y en todo, aún puedo hacer lo que cualquiera en tiempos inciertos: intentar que el propio lugar, el entorno más cercano, sea un poco menos terrible, para mí y para quienes me rodean.

Con un poco de tiempo, el agua reblandece hasta a las piedras.

Puedo darme cuenta de todo esto: puedo enunciarlo. Y no es todo: también puedo decir, y comprender, que hay algunas personas que me quieren y a las que quiero. Esas historias, las que nos unen, siguen ahí.

Espero que tengan un buen día. Les dejo música. Tiene mi edad: no es nueva para el mundo, ni para mí, pero lo será para al menos una persona. Qué raros son los pasos del tiempo.

«Summer ’68», Pink Floyd (del álbum Atom Heart Mother)

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

13 pensamientos sobre “Cincuenta”

  1. Me gusta mucho. Pienso más o menos lo mismo. Gracias.

  2. Lucía dice:

    También te digo «hola» 🙂

    Me da mucho gusto que tengas 50 años y que los compartas con tanta gente. Que vengan los años que tengan que venir. Espero tener vida para seguir leyéndote y de que me leas (como ahorita).
    Un gran abrazo para ti y para tus seres amados.

  3. Avelino Alvarez dice:

    Gracias por todas las historias que compartes, por racionalizar los sentimientos y volverlos letras vivas, asideros para momentos inciertos y por todo el gozo, muchas gracias Alberto. Cono abordó una vez un novel lector a un escritor, en tanto que hacían la fila en la librería, «Alberto, … Soy tu fan…»

  4. Irina De Alba dice:

    No temas al 50….
    Tu, Alberto eres como de 200!!!
    Tu generosidad, sabiduría,sensatez, genialidad y mil más atributos que adornan tu tú hacen que ese yo ya,se pasó. Y de pasar, no pasa, ni queda sólo quiere inquietar. Pero con esa mente despierta no será.
    Disfruta mucho mucho el cariño que todos les tenemos !!! Hoy, hoy ¡¡celebra!!!

  5. Dorothy dice:

    Te doy una bienvenida calurosa desde este lado de la frontera invisible de los 50. Alberto, tanto las historias como personas como tú que sepan contarlas bien tendrán valor hasta que no haya ser humano en la tierra. Muchas gracias por el Pink Floyd y por tu generosidad a la comunidad internacional de lectores y escritores. Un abrazo fuerte y felicidades en tu día. Three cheers for you!

  6. Marcela López dice:

    Querido Alberto:
    Un abrazo enorme. Yo tengo seis años más que tú, en unos días cumplo 56. No sé si me quede mucho o poco, con esto de la pandemia, pero hoy, y lo bueno es que cada día es hoy, agradezco y disfruto estar aquí, poder ver a mis hijos, tener trabajo y poder escribir. Un amigo muy querido y mucho más joven, 33 años, murió hace poco por el Covid -19. A pesar de estos golpes inesperados, de la tristeza que me invade por estas pérdidas, me aferro a estar en este mundo, porque me digo que mis hijos me necesitan aún, pero en realidad es porque disfruto de estar viva, de estar aquí y aunque la situación sea difícil, y a veces parezca una realidad apocalíptica, tengo esperanza de que las cosas serán mejores. Ya son mejores si retribuimos el amor de quienes nos rodean.

  7. Ángela Flores dice:

    Retomo sus palabras: “ el entorno más cercano, sea un poco menos terrible, para mi y para quienes me rodean” . Y no sabe de qué manera con sus lecturas y libros han aliviado usted y la maestra Raquel estos días de miedo de incertidumbre. Gracias.
    Y que afortunado llegar a los 50 y saber que su trabajo ya trascendió y estará ahí para todos y para siempre.

  8. Audrey Dupleich dice:

    ¡Feliz cumpleaños Alberto!
    Disfruté tus reflexiones, al respecto y con mayor certeza desde la pandemia, afirmo que somos sujetos del hoy… que tengas un lindo día.

  9. Feliz cumple, Alberto Chimal. Estás apenas a la mitad de la vida. Sé que vivirás muy bien cien años. Te deseo éxito y salud, hoy y siempre. Eres un referente muy importante de las letras mexicanas. Te leí por primera vez con un cuento que se llama Las brujas. Me encantó. A mis estudiantes de secundaria, también. Muchas gracias por tanto.

  10. Hilario Lozano dice:

    A la gente le gusta conmemorar los números redondos de su calendario personal. Yo no lo hice nunca. Aunque sirve la fecha para pararse un momento a pensar cómo hemos aprovechado el tiempo que se nos ha dado y mirar al futuro con un atisbo de ilusión o desesperanza según las condiciones personales de cada cual. Tengo que reconocer que no sabía nada de ti hasta hace unos días, apenas he comenzado a leer tu obra y reflexiones, y he descubierto una persona que aporta humanidad a este mundo tan tosco y salvaje que nos rodea. ¡Felicidades! El mundo necesita muchas personas como tú.

  11. Luz Stella Mejia dice:

    Querido Alberto, suscribo tus palabras. Yo ya pasé esa marca y voy viviendo mi otra mitad con afán por todo lo que quiero hacer. Celebra tu vida porque es un privilegio llegar a los 50 y una proeza llegar entero con alma y cuerpo, con ideales y sueños sin dejarlos tirados en la cuneta o en jirones por el camino. Eres faro, sigue brillando que tu luz no se apagará con tus ojos, seguirás en tus historias hasta que haya mundo. Abrazos

  12. Ares Nahim Mejía Alcántara dice:

    Tienes razón con relación a la importancia que revisten los aniversarios múltiplos de 10. Creo que también hay otros relevantes por contextos sociales que salen de esa escala como, por ejemplo, los 18 años que simbolizan la mayoría de edad en nuestro país, o los que se vinculan con fenómenos especiales para un cierto sector de la humanidad, tal como pasas con los 27 años edad, célebre por ser en la que fallecieron famosas personalidades de la música y el cine. Sin embargo, en este caso se trata de tus 50 años y por el contexto en que los recibes (pandemia), Espero que los hayas podido disfrutar y celebrar que bien han valido la pena por lo que nos aportas ¡Muchas Felicidades!

  13. Néstor Pérez dice:

    Felicidades, Alberto. Un abrazo.

Responder a Avelino Alvarez

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.