Ensayos

Ciencia loca

Ionel Talpazan, "Visionary Art & Science", 2001 (fuente)

Hace unos años, tuve una columna en la revista de divulgación Conozca Más, ya desaparecida. El siguiente artículo recobrado es una entrega de esa columna. Con el título «Todo por comprender», apareció a mediados de 2015, y mira con cierta perplejidad una forma de superstición: la de las personas que intentan hacer «ciencia» sin verdadero conocimiento de la ciencia.


Un hombre publica una teoría física según la cual toda la ciencia moderna está equivocada. No tiene instrucción universitaria pero cree haber descubierto un modelo del universo que supera a los de Newton y Einstein. Y, sorpresa, hay miles como él.

En 1993, Jim Carter, dueño de un estacionamiento en una zona rural del estado de Washington, en los Estados Unidos, envió a científicos y otros especialistas el aviso de que había completado una nueva teoría del universo.

Está en un libro llamado justamente The Other Theory of Physics. Según Carter, la teoría de la relatividad de Einstein está equivocada y lo están también las nociones comúnmente aceptadas acerca de los átomos y la gravedad. Su explicación es más simple, está inspirada en sus conocimientos informales de mecánica, y en ella destaca su concepto de los circlones: la idea de Carter de las partículas subatómicas, que serían anillos infinitesimalmente pequeños que se unen en varias configuraciones para formar la totalidad de la materia, la energía y el tiempo. Carter ilustra su trabajo con diseños intrincados, y bastante bellos, de circlones formando los átomos de la tabla periódica.

Nadie en la comunidad científica hizo el menor caso a Carter –hombre sin educación ni credenciales de ningún tipo, y cuya teoría no parece capaz de ser validada experimentalmente– salvo la escritora y periodista Margaret Wertheim, especializada en temas de ciencia, quien cuenta su historia y otras anécdotas curiosas de los que llama científicos marginales (outsiders) en su libro Physics on the Fringe (2011). Lo sorprendente es a) que personas como Carter (casi siempre un poco excéntricas y obsesivas) existen y publican al menos desde hace un par de siglos; y b) que si bien defienden ideas de lo más diverso y jamás se ponen de acuerdo entre ellos, todos parecen coincidir en cierto enojo contra la complejidad del conocimiento actual. En especial, les irrita la matemática empleada para describir el universo según la física moderna, dificilísima incluso para científicos con largos años de estudios. ¿Por qué un ciudadano común, sin uno o varios doctorados, simplemente no puede entender el modo en el que se supone que la existencia y el funcionamiento del universo pueden ser explicados?

(Otro ejemplo extraño recogido por Wertheim es el de Walter Murch, editor de cine ganador del Óscar y colaborador de Francis Ford Coppola y George Lucas. En sus ratos libres, Murch da conferencias en las que propone su propia cosmología, incluyendo una explicación delirante de la distancia entre los planetas del Sistema Solar.)

La imagen pública de estos «científicos locos» no es halagadora. Resentidos por no recibir atención de las universidades y las revistas científicas, unidos en asociaciones que llegan a veces al comportamiento sectario, y puestos lado a lado (cuando se llega a notar su presencia) con los creyentes de los ovnis o de las supersticiones contra las vacunas, ninguno de ellos parece tener ideas de valor que pudieran efectivamente modificar de la física como la conocemos. Pero son, al menos, artistas de gran imaginación y personas de curiosidad innegable: quieren comprender.


Nota: después de haber publicado el texto, creo que es necesario insistir en que las supersticiones me parecen interesantes como ficción. Sin proponérselo, los «científicos locos» hacen arte, a la manera de arte marginal –outsider art– hecho por personas fuera del «circuito» de museos, galerías y demás profesionales. Sus obras intentan buscar respuestas a sus preguntas y expresar una verdad mediante la belleza, como querían los filósofos del Romanticismo. Esa verdad no tiene que ver con la ciencia sino con ellos mismos.

Pero cuando se cree literalmente en sus invenciones, o se les da poder, ocurren desastres, como hemos podido ver de sobra en este año de pandemia.

Manifestantes contra el uso de cubrebocas en los Estados Unidos (fuente)

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

4 pensamientos sobre “Ciencia loca”

  1. Erick dice:

    Muy interesante, hay muchas teorías nuevas que superan a las de los científicos del siglo pasado, hay ahora cosas de difícil asimilación como antimateria, materia oscura. Muchas gracias por compartirlo

  2. Marcela López dice:

    Creo que al menos por su imaginación deberían darles una beca para estudiar aquello que les interesa comprender y a lo que quieren además aportar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.