Anotaciones

Esto no se ha terminado

Mi ventana. Allá, detrás del metal, oscurecido por la luz, está el otro lado.

La pandemia del virus SARS-CoV-2 (o coronavirus, para los amigos) no se ha terminado.

El primero de enero seguirá haciendo falta usar cubrebocas (y usarlos bien), reducir al mínimo posible las salidas, etcétera. Llegarán las vacunas, y entonces habrá que ponérselas, pero antes habrá que tener paciencia. Prepararse, incluso, para golpes duros en la economía, además de todas las otras dificultades que vayan a venir.

Podría parecer que no hace falta decir lo anterior, pero esta es una era de pensamiento mágico: no faltará quien crea que, dado que 2020 ha sido el Año Nefasto, el Año de las Catástrofes, el Año de la Peste y el Encierro, bastará completar la vuelta tradicional alrededor del Sol para apagar el interruptor de las tribulaciones.

Para ilustrar, les cuento un caso real. Ustedes deben conocer otros. Una persona de la que sé tenía a su padre enfermo de COVID-19. Poco a poco iba empeorando, pero la persona y sus hermanos, que lo cuidaban, decidieron no llevarlo al hospital. No era necesario, pensaban: bastaba con que ellos «vibraran a la frecuencia adecuada» para que se fuera curando. No me he puesto a investigar en qué consiste la «vibración» ni quién empezó con ese bulo, pero el resultado fue el que cabía esperar. Una de ellos se asustó cuando el padre llegó a tener solamente 50% de oxigenación en la sangre. Las «vibraciones» (¿cómo las «harán»?, ¿meditan?, ¿gimen?, ¿aprietan el esfínter?) no estaban haciendo efecto. A regañadientes, los demás aceptaron la sugerencia de la rebelde y pidieron una ambulancia.

Lo último que dijo el padre antes de que los paramédicos lo metieran en la bolsa presurizada fue que no quería morir. Y murió, desde luego. Ahora los hijos, supongo, tienen que afrontar la idea de que (sin desearlo, por negligencia, por una profunda estupidez) mataron a su padre. Y me imagino que la afrontarán del modo habitual en nuestro tiempo, que es negándose a encarar su error y redoblando su creencia en las vibraciones y demás idioteces. No lo mató su falta de cuidado, se dirán, para evitarse el horror de la culpa, sino alguna otra cosa. Tal vez él mismo no creía lo suficiente en lo que estaban haciendo sus hijos. Claro. Qué pena. Sí. El culpable fue él. Si tan sólo hubiera tenido un poco más de fe…

(Como se dice en México: No sean así.)


En 2021 la vida va a continuar, igual que la Historia (sea lo que ésta sea), incluyendo todas sus posibilidades y todos sus riesgos.

Sin embargo, sí es posible hacer algo significativo con el fin del año. Los símbolos pueden ser peligrosos, pero también pueden ser útiles.

Cualquier persona que haya pasado por cuarentena en los últimos meses sabe esto: en el encierro, la percepción del tiempo se distorsiona. Se vuelve difícil distinguir un día de otro, e incluso una hora de otra. Da la impresión de que un día dura una semana, y una semana un mes. La falta de los marcadores habituales del tiempo, sumada a la embestida de información que nos llega por todos los medios a nuestro alrededor, nos confunde: nos reduce. A fin de cuentas, no nos hemos separado del todo de la naturaleza: nuestros cuerpos, nuestros sistemas nerviosos, están aclimatados al ritmo de los días, de las estaciones. A los proverbiales ciclos de la vida.

No hay nada de malo, pues, en hacer una pausa ahora y marcarla en la memoria. Al contrario: debe servirnos de algo el decir que en efecto se ha acabado un periodo: que otro comienza.

No sé cómo habría que ponerle al año 2020. No sé cómo le pondrán los historiadores del futuro (si es que hay futuro, etcétera, sí; no perdamos el tiempo ahora poniéndonos en pose nihilista). Únicamente propongo que no lo llamemos Año de la Pandemia; ya dije por qué. Pensemos que hemos sobrevivido hasta ahora; que, con suerte, sabemos un poco más y entendemos un poco mejor la situación que nos cayó encima. Que tenemos una idea más clara de nuestras necesidades y nuestras capacidades. En especial, los adultos deberíamos tenerla. Yo sé que voy a dedicarme más a menos actividades, por ejemplo. Si algo, este año me ha dejado claro que el tiempo es limitado: tanto el de las horas del día como el que tengo. Otras personas tomarán otras decisiones. Muchas las etiquetarán como «propósitos de año nuevo», y otras muchas se burlarán de ellas. Creo que, en cualquier caso, es mejor pensar en lo que ya se ha agregado a nuestra vida que en lo que todavía queremos agregar, y también en lo que nosotros decidamos esperar todavía para el futuro: no de lo que otras personas, o los medios, o el capitaloceno, quieran de nosotros.


Espero que nos veamos en la siguiente vuelta del mundo, y que sea mejor para ustedes, mucho mejor, que la está terminando. Y les regalo esta curiosidad: un video que está hecho para ser escuchado, visto ocasionalmente de reojo. 10 horas de viaje en tren por un lugar que probablemente nunca conoceremos, pero ahí está en la pantalla. Que no se diga que no vivimos en un tiempo extraño y asombroso.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

7 pensamientos sobre “Esto no se ha terminado”

  1. Regina Pérez dice:

    Cada vez que recibo por correo tus palabras me recuerdo a misma que no todo está tan mal.
    Gracias por estar.

  2. Marcela López dice:

    Gracias por compartir las reflexiones Alberto, es impredecible lo que pueden hacer o decidir nuestros conocidos, cuando les pregunté a algunas vecinas si se vacunarían contra la influenza una de ellas dijo que no porque la primera vacuna de ese tipo le hizo una reacción muy fuerte y mejor no se volvería a arriesgar, otra me comentó que no se vacunaría contra ni contra la influenza ni contra el Covid, que ella prefería sus remedios naturistas. Pensé en el esfuerzo que se hace para que existan las vacunas, se prevengan las muertes y más en una pandemia como la que estamos viviendo. Me asombra las decisiones que toman personas que consideraba sensatas en tiempos tan inciertos.

  3. Angelica dice:

    ¿Crees que en el ejemplo de la familias que usaste ellos querían matar al padre? Por supuesto que no. Nadie quiere matar a nadie en esta pandemia. ¿Cómo juzgarlos cuando en esa familia quizás nadie terminó la preparatoria? La gente cree en lo que necesita creer. Muy probablemente ellos no tienen otra herramienta. Algunos, clase media con estudios universitarios, usan “la ciencia” y la “razón”. Los que no fueron tan afortunados en este sistema de clases y no les alcanza pues usan el pensamiento mágico o la religión. Ambas son herramientas para hacer sentido de lo que llamamos “realidad”. Todos nos aferramos a ideas, todos sin excepción. Generar ideas y explicaciones (sean estas religiosas, mitológicas o científicas) es característico del ser humano. Necesitamos más entendimiento y compresión. Que nosotros seamos fuente de saber, de compresión y de unión. Un abrazo.

    1. Hola. Gracias por leer el texto. Justamente digo que no tenían la intención de matar al padre… Por otra parte, sin dar más detalles sobre el caso, todos los miembros de la familia en cuestión salieron de la universidad. Y sí, necesitamos más entendimiento y comprensión, pero al mismo tiempo nos urge no relativizar ni crear falsas equivalencias. Las supersticiones relacionadas con el coronavirus tienen consecuencias.
      Un abrazo para ti y que lo que dices al final de tu comentario se haga realidad.

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