Ensayos

Pranganeando

Los de la foto son personas que no conozco, más o menos de mi edad, pranganeando en un lugar del barrio, más o menos cerca de donde escribo. No se ve, pero oyen música en un teléfono puesto a todo volumen y beben cerveza. Suben a los aparatos de ejercicio del espacio público, aunque (como sí se ve) no para ejercitarse. Los fotografié una tarde de estas en que salí a caminar. Los bordes de la imagen están difuminados a propósito.

Ellos y varios más se reúnen casi todos los días en el mismo sitio a hacer lo mismo. La razón, sospecho, es que en sus casas deben seguir hasta cierto punto en cuarentena y sus esposas/familias ya no los soportan. Se han de sentir encerrados, asfixiados; ciertamente no quieren usar cubrebocas.

Según la RAE, prángana significa «pobreza extrema» y estar en la prángana es «estar sin dinero». Obviamente, los hombres en la foto no son pránganas, ni están en la prángana, en los sentidos oficiales de esos términos. Sin embargo yo sé que prángana se usa también para designar a un «individuo ocioso, holgazán, vividor», y que el verbo pranganear existe igualmente. Algún día llegará al diccionario. Entonces se dirá que significa «perder el tiempo haraganeando»: dedicarse a algún tipo de ocio no creativo.

Hace muchos años, una amistad insistía en que yo debía crearme una imagen: una apariencia que vender, un look y una reputación que ayudaran a mi carrera con la escritura. ¿Cuál, exactamente? No llegamos a eso. Debía ser algo agresivo, por supuesto. Que me permitiera presumir, pavonearme. Podría haber incluido el parecer borracho, el dar la impresión de que nada me importaba. El ser un prángana. No creo haber hecho caso a mi amigo. Sí he terminado por proyectar una imagen, en especial en línea, que representa únicamente una parte de mí. Pero no tengo el temperamento para hacerme una máscara como esa, a pesar de que en efecto resulta útil. Y menos todavía para acostumbrarme a ella: para dejar que se convirtiera en mi cara, para olvidar que mi cara podía haber sido diferente.

Por otra parte, si sí hubiera inventado esa máscara: si sí hubiera aprendido a vivir de esa manera, ¿qué? De estar vestido hoy como estos pránganas, me vería casi igual que ellos. En realidad, ellos deben ser más jóvenes que yo.

Y escribir esto es ocio creativo.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.