Anotaciones

Literatura antivacunas

Hércules lucha con el león de Nemea. Francisco de Zurbarán, 1634. Óleo sobre tela. Museo del Prado

Me da la impresión de que está apareciendo un nuevo género de escritura en México. Se le podría llamar “Historias del hombre contra las vacunas”: el tema ha aparecido en periódicos, revistas y redes sociales, y en algún momento podría llegar incluso a cuentos, novelas o libros de ensayo y no ficción en general. Pienso que esto puede pasar, en especial, si la crisis por la COVID-19 se prolonga.

Y la crisis, como sabemos, se está prolongando, tanto por la respuesta errática o irresponsable de gobiernos, empresas y medios de comunicación como por el acceso desigual a las vacunas… y por el rechazo a vacunarse de muchas personas.

Las “Historias del hombre contra las vacunas” son fáciles de describir: se oponen a que la gente se vacune contra el coronavirus y están escritas por hombres. Hasta el momento, me apena mucho decirlo, los autores parecen ser en especial hombres de mi generación, más o menos de mi edad: señores que dicen estar muy molestos por la “intromisión” en sus vidas que representan las campañas de vacunación, y que se inventan contra ellas argumentos especiosos —es decir, aparentemente lógicos, pero con engaño— que giran alrededor de la “defensa” de la libertad individual.

La forma de estos argumentos es más o menos la misma: quién sabe qué contendrán las vacunas, y de todos modos son una obligación tiránica, y más todavía yo soy un individualista que defiende su señorío sobre su propio territorio (mi casa, mi cuerpo, mi mente) y mi derecho a disentir, así que por eso no me vacuno, y quienes lo hacen son borregos, siervos del estado malévolo que les quita su independencia.

Los textos que he leído hasta hoy no descienden al nivel de las peores “teorías” de la conspiración, pero tras ellos se adivinan las supersticiones de moda en la actualidad, sustentadas en la deshonestidad y codicia reales de las grandes empresas farmacéuticas pero llevadas hasta la locura. Por lo tanto, es mucho más interesante su otro rasgo extraño: su insistencia en equiparar el vacunarse con el rendirse ante un estado totalitario, y su olvido deliberado, de mala fe, de los beneficios que tienen las vacunas.

No todos los autores de estos textos son opositores declarados del gobierno actual, es decir, no todos escriben para hacer politiquería, ni tampoco desde una posición ideológica de las que todavía se llaman de derecha, y que en muchos casos incluyen excusas y defensas de la desigualdad social contra el igualitarismo, real o presunto, de sus adversarios. Y tampoco todos se formaron en la contracultura de mediados del siglo pasado. Por esto sospecho que la motivación de este grupo particular de antivacunas es otro: una aspiración desplazada (acaso de manera inconsciente) y que tiene más bien que ver con el deseo de reafirmar la propia masculinidad.

Siempre es difícil desanudar los muchos ideales, frustraciones, complejos, fantasías que se enredan en una opinión o una visión individual del mundo. Aunque muchas se parecen, difícilmente habrá dos que sean exactamente iguales. Sin embargo, una postura reaccionaria muy frecuente en la actualidad es el desconcierto y la inseguridad ante las reivindicaciones de mujeres, la comunidad LGBTQ+ y otras poblaciones que se oponen a la violencia machista y la preservación de un “estado tradicional” de cosas que las margina y las sujeta.

Y, claro, esa actitud es bien visible entre hombres de mi edad y mayores, que se criaron en un momento histórico diferente del actual y en muchas ocasiones tienen problemas para asimilar los cambios del presente, pues ponen en riesgo suposiciones y privilegios que son parte profunda de su identidad. Su ansiedad puede parecer injustificable al verse desde afuera, pero es real; y si no es capaz de manifestarse contra sus verdaderos blancos (porque ahora está mal visto), se desplaza hacia otros adversarios. Por ejemplo, hacia un enemigo nebuloso y castrante que quiere obligarlos a hacer algo por bien de alguien más y no sólo de ellos mismos.

No voy a enlazar aquí a ninguno de esos textos. No voy a hacerles propaganda, no son difíciles de encontrar… y temo que habrá más y más en el futuro cercano. Incluso, puede que se vuelvan más y más descarados y francos a la hora de señalar aquello que realmente odian. Estas historias son muy buenas para causar enojo, es decir, clics y reacciones en redes. Peor, si realmente están ganando terreno como salida para la ira de cierto sector, habrá quienes quieran utilizarlas como herramientas politiqueras, aun si quienes las escriben creen realmente que su intención es noble y libertaria.

Laocoonte y sus hijos. Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas, c. siglo II A.C. Mármol. Museos Vaticanos de Roma

En otras noticias, mi artículo de este mes en la revista Literal trata de un tema cercano al de la nota que antecede: los «ricos solitarios» que sueñan con que su dinero los salvará de un desastre ambiental o político.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

14 pensamientos sobre “Literatura antivacunas”

  1. Enrique Villalón dice:

    Una respuesta sincera y con razón a por que tantos ombrez hoy en día no «creen» en la vacunación.
    Un gusto leerlo como siempre.

  2. Elizabeth dice:

    La creatividad humana no tiene límites…y pareciera tener como musa al miedo.

    1. No es la única, pero sí es una de las más importantes, me temo.

  3. Marta dice:

    Qué gusto leerlo.

  4. ¡Gran texto, querido Alberto!
    Los reductos sociales castrantes, conservadores, clasistas, efectivamente en muchos pacientes que me ha tocado ver, están detrás de la decisión equivocada y antipática de no vacunarse. Es triste pero real que existan estas facciones socialmente violentas.
    En los vacunados puede vivir el virus en forma asintomática por lo que quien no esté vacunado, corre mayor riesgo.
    Nos toca actuar en forma empática y responsable en este y otros ejemplos de segregación social.
    Gracias siempre, Maestro.

  5. MARCELA GEORGINA LÓPEZ HERNÁNDEZ dice:

    Sí es curioso que estos personajes defiendan enfermarse y enfermar a quienes tiene cerca. Defienden la libertad de ser muy agresivos, en el fondo, con ellos y con quienes los rodean.

    1. Hay algo retorcido, irracional, en lo profundo de esa conducta.

  6. beatriz dice:

    La incertidumbre lleva a que se propague información negativa sobre las vacunas que son las únicas propuestas conque se cuenta hoy día para ser responsable consigo mismo y con el otro. Desconocemos los efectos colaterales a largo plazo. Pero ahí están.

    1. Los efectos colaterales que son realmente para preocuparse son los de la superstición y el discurso de odio, me temo. ¡Ah!, y los del coronavirus, que están comprobadísimos y yo he visto ya en un puñado de personas que conozco. 🙁

  7. Renan Resendez Lauterio dice:

    ya lo lei y para nada mencionas a Hercules y al Leon de Nemea… me has engañado…

    1. Este… No, el artículo no trata de la pintura, pero se indica de dónde proviene, y la intención es que se compare con la idea machista de la «lucha» contra las vacunas.

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