Anotaciones

Cazafantasmas y fanbabies

[Hay spoilers, oh, fanboys.]

Hoy fuimos al cine. No lo habíamos planeado. Teníamos que matar el tiempo durante dos horas. Elegimos la película más próxima a empezar en el lugar donde estábamos. Resultó ser Ghostbusters: El legado de Jason Reitman, que se plantea como continuación directa, décadas después, de Los cazafantasmas (1984) de Ivan Reitman.

Y es un película mediocre. En parte es que está mal hecha: mal montada, mal dirigida, con personajes estereotipados y casi nada del humor de su fuente. Pero sobre todo es una película inerte, sin ninguna sorpresa, que quiere complacer a todo espectador posible y por lo tanto no se atreve a nada. En realidad, la única razón por la que merece la pena discutirse es por su origen: fue hecha como una especie de «reparación» , para «compensar» a los fans de la película original, que (presuntamente) se ofendieron por Cazafantasmas (2016) de Paul Feig, un reboot o nueva versión de la película de 1984 con un elenco principal de mujeres.

Quién sabe cuánta gente odió en realidad a aquella otra película. Lo cierto es que abundaron los comentarios de odio, así como las amenazas de todo tipo contra las estrellas y el realizador (en especial contra la actriz afroamericana Leslie Jones), y hasta hubo un boicot de Cazafantasmas en sitios especializados y redes sociales, todo organizado por un grupo relativamente pequeño, pero muy escandaloso, de aficionados. Principalmente hombres, blancos, estadounidenses, de mediana edad, los miembros del grupo apenas ocultaban su misoginia tras excusas imbéciles acerca de la presunta «fidelidad debida a una película clásica» y su «padecer» cuando la versión de Feig (decían) les «robó» o «distorsionó» la infancia. Este tipo de fans tóxicos (se les llama fanboys, aunque podría llamárseles fanbabies) se han vuelto poderosos en la industria del entretenimiento de los Estados Unidos, y por extensión en el resto del mundo occidental: las empresas de medios tratan, en general, de complacerlos, y de ahí esta nueva versión de aquella comedia del siglo pasado.

Lo interesante de todo este asunto (además de cómo prospera la toxicidad y la devoción acrítica en los medios actuales) es que parece estar formándose una nueva costumbre en esos medios: un nuevo modo discursivo, quizá, para señalar la condescendencia ante el infantilismo del público.

Llamémoslo «argumento fanbaby» . Digamos que se da cuando los dueños de una «franquicia» del entretenimiento sienten haber tropezado con un producto y quieren sobrecompensar con otro. Se ve claramente en Ghostbusters: El legado, donde buena parte de la película muestra a personajes «nuevos» (recién creados dentro de la franquicia) descubriendo elementos de la película inicial para deleite de los fans. ¡Mira una trampa de fantasmas! ¡Mira el coche Ecto-1! ¡Mira al personaje original que ya murió! ¡Mira a los personajes originales que viven todavía, y que vienen a salvar a los más jóvenes! ¡Mira cómo hemos hecho todo esto para ti, con el fervor y reverencia que tú estabas exigiendo!

Varias escenas con el vehículo famoso muestran el gozo de los personajes nuevos al conducirlo, como si ellos mismos fueran fanboys, a los que se hubiera concedido usar esos juguetes venerables. Y hay también planos, secuencias y escenas enteras copiadas casi por completo de la película original. Todo peladito y en la boca, como se dice en México, de modo que nadie tenga que hacer el menor esfuerzo ni sentirse confrontado de ninguna manera.

Otra película que hace exactamente lo mismo es Star Wars: El despertar de la Fuerza (2015) de J. J. Abrams, que se estrenó diez años después de que terminara la trilogía de precuelas de la serie que dirigió George Lucas (1999-2005). Los fanboys de La guerra de las galaxias (como se le llamaba en otro tiempo) se habían sentido «ofendidos» por aquellas películas, y se dedicaron a insultar a Lucas y a amenazar a varios miembros de su reparto (en especial al actor afroamericano Ahmed Best, cuya carrera nunca se recuperó, y al niño actor Jake Lloyd, quien fue víctima de bullying por años y terminó en un hospital psiquiátrico). Cuando Lucas vendió su compañía, Lucasfilm, a Disney, ésta quiso hacer una «corrección» y dio a los fans una especie de calca de la primera Star Wars, la de 1977, mezclada con las aventuras de nuevos personajes que… eran admiradores de las aventuras originales y se sentían felicísimos de tripular la nave Millenium Falcon, de encontrarse con Han Solo, de buscar a Luke Skywalker.

A saber cuántas más películas de fanbabies tendremos que ver, querámoslo o no.

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

4 pensamientos sobre “Cazafantasmas y fanbabies

  1. Liliana dice:

    🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

  2. Karina dice:

    Nunca lo había pensado, que mal que el cine no sea libre, pero ante la mirada crítica de los demás nadie lo somos o si?

    1. Si entiendo bien, me parece que la cuestión va por otro lado.

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