Anotaciones

Los cerebros plateados

Ahora no es buen momento para pensar en el futuro. Para mí, al menos. El último par de semanas he tenido COVID. Al mismo tiempo (¿coincidencia?, sí, desde luego), se ha puesto de moda en internet el uso de ChatGPT, una inteligencia artificial que puede generar texto escrito. ChatGPT se alimenta, como otras, de información que toma de la red o de sus usuarios, y ha hecho que algunas personas den la alerta sobre sus posibles usos indebidos. Por otro lado, cientos de notas de prensa recientes dan la impresión de querer fabricar el consenso de que todo está bien, ChatGPT «va a cambiarlo todo», toda tecnología es innovadora por definición y por lo tanto buena, etcétera.

Como esas notas tienen todas casi el mismo título, además de las mismas opiniones, me pregunté si no habrían sido redactadas por ChatGPT…, y resulta que sí, en efecto, buena parte de ellas tiene al menos una porción redactada por la IA, para demostrar cómo funciona.

Y como los consensos fabricados triunfan con bastante frecuencia (véase la historia del disco compacto, los navegadores de internet, el libro digital, las criptomonedas, etcétera), de momento me resigno. Imagino el futuro en el que la gente dejará de redactar y se confiará a ciegas a herramientas como ChatGPT. Probablemente dejen de existir toda clase de profesiones que la nueva tecnología ha vuelto ya obsoletas, incluyendo la mía, por supuesto. Los beneficiarios serán los dueños de la tecnología y cuando mucho los de los medios o canales de distribución que puedan explotar comercialmente el texto generado por algoritmos.

(Habrá personas que, en pocos años, extrañarán los buenos tiempos de Elvira Sastre o de Luisito Comunica. Bien puede pasar que los influencers por venir sean todos virtuales, y que se les atribuyan, además de sus fotos y videos y looks virtuales, sus libros virtuales. No tiene que haber humanos en ninguna parte del proceso, y probablemente tampoco los habrá en la parte de la lectura. Porque, como sabemos, lo mejor del libro que hemos comprado de nuestro ídolo es que no hace falta leerlo: ya con existir en nuestras manos, o nuestro teléfono, es un símbolo de nuestra devoción.)

No tengo fuerzas para escribir mucho más sobre esto. Tal vez debería encargárselo a ChatGPT. Sí puedo contar que todo este furor por despojar al trabajo de la escritura de su paga (porque de eso se trata, igual que las IA creadoras de imágenes se roban el trabajo de seres humanos reales) me recuerda a una novela vieja: Los cerebros plateados de Fritz Leiber, de 1961.

Leiber, estadounidense (1910-1992), fue uno de los grandes autores de literatura fantástica de su tiempo, pero ahora está cayendo en el olvido y Los cerebros plateados es una de sus novelas menores. Sin embargo, el libro no deja de ser sabroso, rarísimo y, sobre todo, muy pertinente para el momento que estamos viviendo. Es una sátira del medio editorial mercantilizado, en clave de ciencia ficción, que la editorial Martínez Roca publicó en castellano en 1976 y jamás se ha reeditado. Yo la encontré de casualidad cuando era niño, y mi ejemplar ha sobrevivido mucho más de lo razonable.

En el mundo de la novela, todos los libros son hechos por «máquinas de redactar»: caricaturas de las computadoras grandotas y estorbosas de los años cincuenta. Estas máquinas reciben órdenes precisas de las editoriales y entregan textos perfectos, agradables, sin complicaciones, a un público lector que ya no conoce ninguna alternativa. La única escritura artística es hecha por robots, para otros robots. Los escritores humanos fingen ser coautores de los libros que redactan las máquinas, pero en realidad apenas hacen más que posar para las fotos de la contraportada. En algún momento, como los antiguos luditas, estos empleados mal pagados y objeto de burlas se hartan, empiezan una revolución y destruyen las máquinas redactoras…, para luego darse cuenta de que no pueden reemplazarlas, porque ninguno ha aprendido a escribir.

Evidentemente, no vamos a vivir un futuro igual al de la novela de Leiber. Pero aquel libro sí contiene la que me parece una verdad importante: la escritura y la lectura no son algo a lo que la especie humana pueda renunciar sin meterse en muy serios problemas. Ya veremos si alguien más se da cuenta de eso en el presente.

Sobre una base de tela azul, un ejemplar descabalado de la novela "Los cerebros plateados" de Fritz Leiber
Mi ejemplar de Los cerebros plateados necesita urgentemente un encuadernador…

Publicado por Alberto Chimal

Escritor mexicano | Mexican writer

10 pensamientos sobre “Los cerebros plateados”

  1. Ulises Rodríguez Ortiz dice:

    Maestro, muchas gracias por mostrarnos esta situación que, en mi caso, desconocía. Pareciera que los cerebros plateados serán una triste opción para la civilización y seguramente el control. Esperemos estar a la altura e impedirlo!

    1. Ojalá que sí, Ulises… Muchas gracias, como siempre.

  2. Dulce María Adame dice:

    Maestro Chimal:
    Es increíble cómo al mismo tiempo que se busca desarrollar más la tecnología, se busca sustituir o eliminar eso que nos hace humanos, se quiere ahorrar tiempo y esfuerzo en todo ¿para qué?… Como si eso hiciera la vida mejor o más satisfactoria. En fin. Gracias por la referencia, no conocía la novela, pero la buscaré. Le deseo una pronta recuperación y un gran año 2023.

    1. ¡Muchas gracias, Dulce María! Feliz fin de año para ti.

  3. Javi Ramos dice:

    Gran tema este de la lectura y las escritura, de cómo están ya viéndose los frutos de su descuido. Gracias por compartir y ponernos a pensar. Gracias porque buscaré la novela que mencionas y abundaré en lo que nos adviertes, bueno así lo veo como una advertencia.

    1. Gracias a ti. El libro nunca ha sido reeditado en español, pero con seguridad puedes encontrar copias digitales en algún archivo.

  4. Adriana C. dice:

    Parece que muchas veces no medimos las consecuencias de nuestros actos y la urgencia por mantenernos a la vanguardia nos lleva a exigirle mucho al presente y no pensamos que puede llegar el momento en que ya no logremos manejar lo que tanto deseamos. Los avances en la inteligencia artificial implican toda clase de variables que ni siquiera podemos enunciar en su totalidad. Hay que pisar con cuidado, no vaya a ser que nos asalten los cerebros plateados prontito y nosotros ni un plan B tengamos preparado. :/

    1. Creo que, al menos de momento, es más fácil que nos roben los dueños de las IA, que finalmente las ofrecen al público no por altruismo, sino para que las alimentemos con nuestra información y les permitamos aprender de ella.

  5. Lil Fernández dice:

    Muy interesante tu reflexión. Comparto tu sentir.
    La inteligencia artificial resuelve un problema de urgencia, pero nuestro cerebro es tan complejo que eventualmente logrará reconocer la redacción humana y verá estos textos creados por aplicaciones como algo de poco valor, de la misma manera en la que preferimos pagar más por una pintura hecha de manera artesanal que por una copia comercial.
    Sin duda habrá siempre alguien que quiera leernos. Eso espero.

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