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Personajes soñados

Ejercicio de creación de personajes

Otro lugar donde «encontrar» ideas y personajes

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Varias partidas

Ayer se anunció en redes sociales la muerte de Juan Manuel García Junco, un promotor cultural de larga carrera en la ciudad de México conocido como H. Pascal. Es el séptimo fallecimiento en lo que va del año de una persona del «medio cultural» mexicano a la que conocí. Los otros son los del poeta de origen panameño Roberto Fernández Iglesias, que fue uno de mis primeros maestros de escritura y también un gran promotor cultural en Toluca, mi ciudad natal; Ramón Córdoba, editor en Alfaguara, con quien no trabajé pero que sí editó a muchos contemporáneos y a una buena cantidad de autores muy prestigiosos, incluyendo a Xavier Velasco y Carlos Fuentes; Mayra Inzunza, escritora considerada una gran promesa literaria en los años noventa, que posteriormente se apartó de la publicación; Rocío González, poeta oaxaqueña, muy activa también desde los años noventa; Armando Vega-Gil, integrante de la banda Botellita de Jerez, articulista y novelista, quien se suicidó tras haber sido acusado de acoso; y Grace Quintanilla, artista interdisciplinaria, profesora y funcionaria.

Cada año sucede lo mismo, por supuesto: la cuenta de fallecimientos va creciendo y en los últimos meses se hacen los recuentos y obituarios. Con el paso del tiempo, algunos serán olvidados, con justicia o no, más rápidamente que otros (la muerte de Pascal ni siquiera fue reportada por la prensa). Pero varios de los nombres de la lista anterior son de personas que no sólo fueron mis contemporáneos, sino que incluso tenían más o menos la edad que yo tengo ahora. Me río cuando me presentan en algún evento y, leyendo una ficha copiada de algún sitio viejo de internet, me llaman «joven escritor» (no lo soy desde hace mucho: tengo 48 años y mi salud no es la mejor). Pero en estas muertes he entrevisto otras que vendrán: ya empieza el tiempo en el que mi generación va a desaparecer. Después quedarán los restos y los recuerdos que se salven.

Portada de una edición de Creaturas del abismo, antología reunida por H. Pascal (2004)

El universo y el asesino

Un artículo sobre El Aleph de Jorge Luis Borges

Un artículo sobre El Aleph de Jorge Luis Borges, y lo que profetiza (o no) de nuestro presente. La nueva entrega de mi columna «El cruce» en la revista Literal Magazine.

El poder de las palabras

Un cuento de Edgar Allan Poe en Las Historias.

Un cuento de Edgar Allan Poe en Las Historias. Entre otros detalles interesantes, hace referencia a una destrucción apocalíptica que podría parecer semejante a las de la cultura popular del siglo XXI, pero que de hecho se relaciona con las «profecías» de sectas cristianas milenaristas del siglo XIX, influyentes en los medios de la época de Poe. La traducción la hice yo mismo.

Sentir el cuerpo

Ejercicio de percepción y descripción

Ejercicio de percepción y descripción

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¿Aleph, dices?

Ejercicio de creación de personajes

Otro ejercicio borgesiano

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A la Bienal de Novela Vargas Llosa

Nos vemos en Guadalajara para hablar sobre novelas y novelistas

La próxima semana, del 27 al 30 de mayo, estaré en Guadalajara, para la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Me toca participar en dos conversatorios: el 28 a las 10:00, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, y el 30 a las 11:00, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. Nos vemos por allá.

Otro Aleph

Un ejercicio borgesiano

Ejercicio borgesiano

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Dos personajes de Borges

Borges sí podía describir las pequeñeces de la vida humana. Aquí hay dos ejemplos

Ayer participé en un conversatorio sobre «El Aleph». Fue en el Festival El Aleph de arte y ciencia que, por supuesto, se llama así por el cuento y el libro de Jorge Luis Borges. En la charla, Rafael Olea Franco recordó el prejuicio según el cual Borges podía describir grandes conceptos filosóficos pero no sentimientos humanos. Mencionó un artículo de Octavio Paz. Repaso ese texto ahora y creo que hay en él cierta malicia, sí, aunque de modo más sutil que lo que escuché ayer y escribo ahora. En cualquier caso, el prejuicio existe.

Y sin embargo, en aquel cuento famoso (como en otros), Borges tiene al menos dos grandes personajes: el pedante Carlos Argentino Daneri, que se roba el papel de su oficina para escribir sus poemas horribles, y el Borges-personaje, que ahora sería llamado un nerd con decoro, incapacitado para las relaciones con mujeres pero jamás abusivo ni acosador, hábil únicamente –por unos pocos momentos– para las venganzas retóricas.

Esta es la primera nota de este nuevo sitio. Les doy la bienvenida.