Un resumen de La noche en la zona M

Al parecer, varias personas han llegado hasta aquí en busca de un resumen de mi novela La noche en la zona M. (La información viene de las estadísticas de visitantes y de cómo aparece este sitio en los motores de búsqueda.) Si tú estás entre esas personas, te agradezco que estés aquí. Este es el texto de la solapa del libro, que tal vez ya conoces, pero lo pongo de todas maneras para quien no lo haya leído:

En un mundo distópico futurista, la civilización tal como la conocemos ha caído. La Ciudad de México también, y se ha dividido en un conjunto de reinos que mantienen una paz frágil, mientras intentan subsistir aprovechando los recursos que todavía quedan. En el reino del Centro vive Sita, una adolescente que se ocupa, junto con su abuela Lucina, de mantener las comunicaciones del Fuerte, la base del cacique local. Con ellas está Celeste, una mujer que conoció el mundo antes de la devastación, y que ha sobrevivido gracias a una extraña tecnología. Las tres tienen una existencia estable en ese mundo caótico; sin embargo, un día Lucina recibe la visita del Jefe y se descubren los planes que éste tiene para Sita. La joven decide formar un grupo que emprenderá la huida hacia un lugar mejor, pero en el camino se topará con amenazas peligrosas de las que nadie ha escapado con vida.

Dicho lo anterior, un resumen realmente completo del libro, de principio a fin, sería injusto para quienes lo están leyendo por interés y no únicamente por encargo, pero aquí puedo ofrecer lo siguiente:

  • Mi garantía de que el libro está escrito con la intención de ser ameno (y por lo tanto es posible que, si le das la oportunidad, llegue a parecértelo a ti también, de modo que su lectura se convierta en algo mejor que el cumplimiento de una tarea); y
  • Algo de información adicional acerca de su historia, sus orígenes y su contenido. En el peor de los casos, semejante información sirve para hacer exposiciones y trabajos más ricos e interesantes.

1. Historias postapocalípticas

Paisaje postapocalíptico (fuente)

La noche en la zona M es, en principio, una novela acerca de un mundo postapocalíptico. Esta palabra tiene un origen antiguo. El Apocalipsis, último de los libros de la Biblia, concluye con el fin literal del mundo y, de hecho, del universo entero. Desde su publicación, en las culturas occidentales se llama apocalípticas a aquellas narraciones, imágenes o ideas que tienen que ver no necesariamente con el «fin del mundo» (sea lo que esto signifique), sino más ampliamente con grandes catástrofes: aquellas que traen enorme destrucción y sufrimiento y que en ocasiones llegan a causar, cuando menos, el fin de una cultura o una civilización.

En el siglo XX, la invención de las armas nucleares llevó al temor de que una guerra atómica pudiera exterminar a la humanidad entera. Como reacción a ese temor se empezaron a crear historias (en el cine, la televisión, la literatura, etcétera) donde al menos parte de la humanidad sobrevivía a la destrucción causada por ella misma. A estas narraciones se les llamó postapocalípticas (posteriores a un apocalipsis), para indicar que en ellas hay «algo después del fin»: una esperanza, por pequeña que sea, en la supervivencia de la especie humana. Así, los escenarios habituales de las historias postapocalípticas son ciudades en ruinas, entornos despoblados o arruinados de una u otra forma, con huellas de desastres y conflictos que nos vemos necesariamente pero a los que tarde o temprano se hace referencia.

En nuestro tiempo, la mayoría de las historias postapocalípticas ya no se basa en el temor de un conflicto nuclear, sino en miedos que están más de moda en los espectáculos y la política, como el de las epidemias o el de pueblos y culturas «ajenas» a la propia (estos dos miedos se juntan en series de zombis como The Walking Dead). Y otro elemento común es que la mayor parte de esas historias se desarrolla en los Estados Unidos u otro país desarrollado, entre habitantes de esos lugares y atendiendo a preocupaciones y valores que son importantes en esas culturas.

La noche en la zona M, por su parte, se desarrolla en México, o más precisamente en un futuro posible del territorio que hoy llamamos México. Vemos lo que hoy es la ciudad de México no solamente en ruinas, sino fragmentada en un conjunto de territorios, o reinos, que a veces hacen alianzas y a veces pelean entre sí por los escasos recursos que están a su alcance.

Por otra parte, la causa de la catástrofe de la que parte la novela es distinta a las ya mencionadas.

2. Las amenazas de nuestra época

En el mundo de La noche en la zona M, un desastre ecológico ocasiona el desplome de la civilización como la conocemos y el descenso de al menos parte de la humanidad a la barbarie. Actualmente se habla de «cambio climático»: es un término que se inventó para sonar menos amenazante que «calentamiento global», empleado hasta hace unos diez años, pero estamos hablando del mismo fenómeno: el aumento de temperaturas de la atmósfera terrestre a causa de los contaminantes que nosotros mismos hemos estado arrojando a la atmósfera al menos desde el siglo XIX, pero con mucha mayor intensidad en décadas recientes. Aunque muchas empresas y gobiernos se esfuerzan por desinformar y minimizar la preocupación por este asunto –por codicia o por razones políticas–, lo cierto es que desde el siglo pasado se sabe que el calentamiento global, junto con el abuso de recursos naturales y la destrucción de ecosistemas y especies, puede alterar violentamente el clima de la Tierra entera y volver inhabitables grandes áreas donde hoy viven millones de personas. Ya se han registrado aumentos de temperatura sin precedentes en los polos, desecamiento de regiones como el sur de California y otros sucesos preocupantes.

La novela se imagina un mundo que está mucho peor que en la actualidad y en el que no se hizo nada por revertir o al menos disminuir la contaminación. Una parte de la humanidad ha sobrevivido (apenas) un periodo de guerras por recursos cada vez más escasos, y en el que los países más poderosos intentaron protegerse de lo peor de la catástrofe y abandonar a su suerte a todos los demás. Los pobladores del mundo de la novela los llaman «Aquellos» y recuerdan también el que se conoce como Día Cero: el día en el que por alguna razón desconocida cesaron todas las comunicaciones digitales y la civilización como la conocemos terminó de caerse en el caos resultante.

Como preparación para La noche en la zona M, escribí un cuento, titulado «El gran experimento», que se puede leer para tener una idea más clara de los acontecimientos que llevan a la novela. Obviamente, la intención de todo el proyecto no es decir que «va a pasar» literalmente lo que se cuenta en esas historias, sino sugerir que algo semejante podría ser posible, para llamar la atención sobre este problema serio de nuestro tiempo.

3. Ciencia ficción y mexafuturismo

Durante mucho tiempo, a las narraciones que se preguntan por el futuro de la humanidad y que intentan imaginarse cómo será se les ha llamado ciencia ficción. Esto es una traducción de un término en inglés, science fiction, que también se podría interpretar como narrativa científica o narrativa con tema científico. El nombre proviene de los Estados Unidos –lo inventó un escritor y editor llamado Hugo Gernsback, que migró a aquel país desde Luxemburgo, a principios del siglo XX– y se usó primero como etiqueta para cuentos y novelas que promovían el desarrollo tecnológico, es decir, que se imaginaban únicamente futuros prometedores y mejores que el nuestro, en los que los avances de la ciencia, aplicados mediante la tecnología, lograrían una vida mejor para los seres humanos.

Además de aplicarse a obras anteriores a la invención del término, pronto empezó a llamarse ciencia ficción a cualquier historia escrita después de Gernsback en la que hubiera algún tipo de especulación sobre los cambios que podría experimentar una sociedad. Con esto, el concepto empezó a rebasar su definición original. Muy pronto hubo narraciones llamadas ciencia ficción que no siempre trataban del futuro ni se referían a aparatos y máquinas (las más obvias aplicaciones de la ciencia para muchas personas) o que en vez de imaginar futuros prometedores pensaban en situaciones horribles. Las historias postapocalípticas son, de hecho, ciencia ficción, igual que lo son muchas donde la tecnología no mejora la vida humana: esas historias no se crean como una promesa, sino como una advertencia.

Algo más que tenía la ciencia ficción en sus inicios era, como ya dije, que estaba producida en cierto número pequeño de países, y con base en los intereses de las sociedades (o de cierta parte de las sociedades) de aquellos países. Pero con el tiempo la idea de imaginar alternativas o futuros posibles para la vida humana empezó a utilizarse en otros lugares, en otros contextos, y por personas con diferentes preocupaciones que las que existían en Estados Unidos a principios del siglo XX. Por ejemplo, se le ha usado para denunciar la desigualdad social o el racismo. Y también se le ha usado para preguntarse cómo podría ser el futuro de naciones y culturas que no tienen tanto poder político o económico como los países más desarrollados.

Una corriente de la ciencia ficción contemporánea que intenta hacer eso se conoce como afrofuturismo y busca contar historias sobre futuros o sociedades posibles en las que los pueblos de África tengan el protagonismo (una película famosa que incorpora esta propuesta es Pantera Negra, de la Marvel). Pensando en una propuesta similar, pero aplicada a las culturas de México –y quizá del resto de América Latina–, inventé un concepto: el mexafuturismo, que ha tenido bastante buena acogida entre lectores y colegas. Por supuesto, La noche en la zona M tiene todo que ver con él. En este artículo explico en detalle de qué se trata.

4. Extra

Un detalle más que puede ser de interés: la protagonista de esta novela, Sita, es una adolescente, la mayoría de los personajes centrales a su alrededor son también mujeres, y nadie tiene el aspecto de los «héroes» de una historia típica de aventuras. Esto es deliberado. La noche en la zona M quiere proponer personajes que no sean iguales a los de casi todas las narraciones postapocalípticas que nos llegan en libros, cine, televisión, etcétera. De la misma forma, las acciones de estas mujeres no están dirigidas a buscar el poder de su mundo, o a combatir a un «villano», como sucede con frecuencia. Algo de lo que estoy seguro es que, si realmente ocurre un gran desastre global, lo más importante no va a ser quién se queda con el poder sino cómo logramos, entre todos (o entre todas, como dice Sita), sobrevivir. Ya me dirán ustedes qué piensan.

Ejemplar de La noche en la zona M
La noche en la zona M

Especial: Crónica de Chile

Una nota especial: desde Santiago, el escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela envía una crónica de la crisis y las movilizaciones sociales de los últimos días en Chile. La reproduzco a continuación y agradezco, como él, a quien desee difundirla.


Crónica de crisis

Desde el día posterior al estallido del 18 de octubre fui escribiendo de manera espontánea una serie de crónicas y algunos microrrelatos. Reunidas estas piezas en orden cronológico, constituyen una forma de relato de lo que hemos vivido en Chile que puede servir para informar y entender lo que nos ha ocurrido.

Estoy seguro de que las movilizaciones, en especial la gigantesca marcha de ayer 25 de octubre, han detenido un autogolpe, sueño dorado de los ultrareaccionarios y fascistas que siempre aguardan su momento.

Es una historia en progreso, que no se detiene ni se detendrá, porque será un punto de inflexión de la historia de Chile. Una crisis anunciada por la desigualdad y el abuso que instaló el neoliberalismo en nuestro país.

Diego Muñoz Valenzuela

19 de octubre, 2019

Diálogo

Pidieron justicia, les respondieron con golpes. Exigieron equidad: los tomaron detenidos. Reclamaron por las alzas, contestaron con burlas. Protestaron en las calles y ellos mandaron soldados. Demandaron soluciones: los apuntaron con fusiles.

20 de octubre, 2019

Me asombro con este retroceso hacia aquellos años que parecían lejanos e irrepetibles: camiones con militares armados hasta los dientes, tanquetas patrullando la ciudad, cientos de barricadas, helicópteros trepidando con su sonido siniestro sobre la ciudad, toque de queda. Es una verdadera pesadilla. El modelo neoliberal no da para más, cruje y rechina, anuncia el derrumbe. Y el gobierno de derecha muestra una vez más no sólo ineptitud, insensibilidad y falta de criterio, sino que no encuentra ninguna opción mejor que poner al ejército en la calle. Una vez más la raigambre fascista emerge y muestra su rostro horroroso y amenazante. La derecha no ha cambiado nada, no ha aprendido nada, en ella impera la misma mente fascista que ha mostrado su cara tantas veces en la historia de Chile y del mundo. Unidad del pueblo, movilización, fuerza, único camino.

21 de octubre, 2019

Emerge desde el pasado la teoría del ‘enemigo interno’ con el cual estamos en guerra. Qué espanto. Qué desvergüenza y cinismo. El fascismo en marcha para generar un autogolpe. ¿por qué los valientes soldados y carabineros no enfrentan y controlan al lumpen y los enmascarados? ¿porque tienen miedo? ¿porque no les conviene? ¿porque es más fácil pegarle a la ciudadanía pacífica que protesta? Senadores y diputados: asuman su rol. Confronten al Ministro del Interior antes de que nos ponga en prisión y convierta al país es un campo de concentración. Ha pasado antes. Conocemos la historia. Ahora es cuando se conocerá a los auténticos patriotas.

22 de octubre, 2019

Regresé ayer a medianoche desde el Sur a Santiago, por el atraso general de los vuelos. No solo regreso a Santiago sino al tiempo del ogro: militares con traje de campaña patrullan la ciudad armados para la guerra que han fraguado los gobernantes contagiados por la fiebre del fascismo. Nos controlan varias veces en el camino, algunos con tosquedad, otros amables. ¿Qué capacidad pueden tener esos jóvenes para manejar la situación, si los envían a un país en guerra? Imagino que la mayoría desconoce la historia, que sus jefes los adoctrinan para ser feroces e implacables. Todavía algunos procuran sonreír y ser amables; la humanidad los habita aún. Esta situación se irá exacerbando con el paso del tiempo y la resistencia sostenida y unitaria que debe levantarse desde la ciudadanía.

Todos juntos -mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, obreros, intelectuales, profesoras, artistas, empleadas- TODOS debemos detener el autogolpe y salvar nuestra democracia para perfeccionarla y convertirla en un instrumento de mejora, no de dominio por parte de los poderosos. Tenemos el imperativo ético de resistir pacíficamente pero con decisión y firmeza. Muchas amigas y amigos me escriben de todo el mundo, preocupados por lo que pasa en Chile. Nos quieren, piensan en nosotros. No estamos solos. Debemos unirnos en este trance histórico.

23 de octubre, 2019

La ciudad amanece conmocionada y reconozco un ánimo combativo que no tiene visos de decaer. Al contrario, la cantidad de personas involucradas aumenta de día en día, los caceroleos elevan intensidad, los letreros hechos a mano revelan el ingenio de cada cual, las aspiraciones legítimas de personas que piensan y sueñan.

La mayoría de nuestros dirigentes ha abjurado de sus principios, fuesen cuales fuesen. Ya no se guían por principios, sino por intereses, alianzas, conveniencias, aquello que usualmente se denomina «redes», para darle una aureola positiva, moderna, chic. La mayoría de nuestros dirigentes han dejado de pensar en su pueblo y en soñar en bondades para la gente.

Desde la mañana he visto a los jóvenes en la calle, con disposición a manifestar sin ambages ni medias tintas su rechazo a este sistema que expresa su inhumanidad de tantas formas. Las pensiones miserables, las alzas desmesuradas de los servicios, la trampa de los créditos, el impulso del marketing al consumismo, los sueldos reducidos, la lista es interminable.

No sé cómo va culminar este capítulo de la historia, pero quisiera que no haya derramamiento de sangre (que ya ha habido). Ya tuvimos suficiente de eso en 17 años de terror. Ciudadanos de uniforme: no se conviertan en infames verdugos de su pueblo. No se transformen en asesinos para defender los intereses de los privilegiados. Rebélense contra la iniquidad

Ustedes son pueblo, como nosotros, que estamos con banderas, risas y esperanzas en la calle. No tenemos armas, tenemos sueños. No es posible detener a un pueblo consciente, resuelto, unido para cumplir con su bellísimo sueño de libertad, justicia y democracia.

24 de octubre, 2019

Mirándote al espejo

Seguro en este mismo instante te miras en el espejo, con esa ridícula de soberbia de enano mental, agregando imaginariamente un bigotillo hitleriano bajo tu nariz de payaso. Gesticulas, hablas con vehemencia, pronuncias discursos premiados con el silencio. Incapaz de experimentar emociones, pretendes resolver los problemas del país con ecuaciones arbitrarias, pensadas con trazos cortos y mezquinos. No escuchas los millones de voces de quienes no esperan nada de ti, porque eres inútil, cobarde, codicioso, falaz, artero, afecto a las adulaciones e inmune a las críticas veraces. A estas alturas solo puedes contar con una enorme certeza: concentras el profundo desprecio del pueblo. No tienes perdón posible, despreciable tiranuelo de pacotilla, caerás a las alcantarillas de la historia, sin aplausos, guasón, sin risas siquiera.

24 de octubre, 2019

En algún sentido es un absurdo, porque la realidad está allí, frente a nuestros ojos, manifestándose a cada momento con nítidos signos. Sin embargo, hay quienes insisten en negarla y hacer caso omiso. ¿Por conveniencia, por idiotez, para protegerse, por fanatismo? Por una o varias de estas razones.

A los idiotas saquémoslos de la ecuación: existen y para ellos las explicaciones no cuentan. El vacío extremo de sus mentes: conocimiento, ideas, razonamiento se encuentran ausentes. ¿Qué se puede esperar? Comentarios, acciones, juicios propios de idiotas.

Hay quienes desean protegerse a toda costa, no ceder un ápice de sus privilegios y riquezas. Es un móvil poderoso pues tiene que ver con la propiedad, base de nuestro modelo social. Con una concentración de la riqueza tan desmedida como la que hemos alcanzado en el Chile ultra-neoliberal, se ha creado una amenaza tremenda.

Las conveniencias son temibles, pues gente inteligente y hábil advierte en la crisis una oportunidad para hacerse de fama, poder, prestigio. La ambición convierte en tontos irracionales a personas cargadas de títulos y saber. Hay demasiados ejemplos, antiguos y nuevos, dispuestos a hacer el trabajo sucio.

Y los fanáticos, ellos siempre aguardando su momento para emerger del inframundo. Cuando todo/todos han fallado y una situación compleja empeora para convertirse en holocausto, ellos surgen como salvadores de la patria. Son a quienes más temo: seres abominables, exentos de escrúpulos, sedientes de sangre, inhumanos, bestiales. Estos ya tienen su símbolo y líder serpentino, diabólico, decidido a todo.

El huevo de la serpiente madura en estas situaciones y desarrolla estrategias para estos cuatro grupos. Piensa en cómo destruir a quienes concibe como amenazas.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Lo dijo Antonio Gramsci, que salió solo para morir de las cárceles del fascismo italiano. Estamos viendo cómo se manifiesta este anuncio.

También dijo Gramsci: Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia…Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo…y organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”.

Vale la pena meditar sobre estas frases mientras cantamos, bailamos y hacemos sonar cacerolas y sartenes. Nadie lo hará por nosotros.

25 de octubre, 2019

Un millón y medio de personas en el sector Plaza Italia. Decenas de miles en otros puntos de Santiago. Una demostración contundente del rechazo de la ciudadanía al gobierno de Piñera y a la pésima situación de desigualdad que ha provocado el experimento ultra-neoliberal en Chile. El “milagro” devino en desastre. “Chile despertó”, corean los manifestantes.

            El noventa por ciento son jóvenes entre 15 y 35 años. Los mayores de 60, como yo, condecorados con canas, raleamos y tendemos, espontáneamente, a mirarnos con simpatía. Me encuentro con varios conocidos, más o menos cercanos, de los tiempos de la lucha contra la dictadura; miembros anónimos de la resistencia, héroes desconocidos, con ojos brillantes por la emoción. Los otros, medito, deben haber sido parte activa de la misma historia, lo leo en sus miradas.

            “Ahora falta que voten”: ese letrero portaba uno de mis coetáneos y se lo enseñaba a los jóvenes que pasaban junto a él. Es verdad: cualquier elección se daría vuelta con esta enorme masa que desarrolla a gran velocidad su conciencia cívica en este movimiento. Deben estructurar movimientos y partidos nuevos, crear nuevas organizaciones sociales, proponer candidatos que defiendan sus intereses, no los de los ricos, que no pretendan eternizarse en el poder.

            Hoy una serie de zombies serviciales -ambiciosos, rastreros, tontos útiles, intelectuales egocéntricos, políticos pútridos- fue invitada al palacio presidencial para confirmar las creencias del megalómano fracasado y ponerse en la fila de distribución de los réditos: ¿acaso puestos en el nuevo gabinete? ¿otras prebendas?

            El pueblo propinó en la calle un rotundo NO a la magra propuesta del gobierno para detener las protestas. Pero sabemos que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Que los soldados vuelvan a sus cuarteles: están entrenados para matar, no para controlar multitudes. Está probado históricamente y hace apenas escasas décadas. Fin del estado de emergencia. Convocatoria a asamblea constituyente. Mejoras inmediatas en las pensiones.   Ya está bueno de payasadas, chistes y burlas. De dilaciones, manejo de prensa, represión brutal a manos de agentes del estado. 

            A fijar un cronograma para empezar a resolver los problemas de salud, previsión y educación, la desigualdad extrema, el manejo de los medios de comunicación.

Hay poco tiempo y -si no se dan muestras concretas de avance- exigua paciencia. Eso leí en los rostros alborozados y seguros de mis compatriotas, sobre todo de los jóvenes que anhelan -con justo derecho- una vida digna y libre para los chilenos.

Este año tampoco ganaste el Premio Nobel

Anuncio de los ganadores del Premio Nobel de Literatura para 2018 y 2019

Me enteré de un dato trivial interesante: la agencia literaria que representa a Olga Tokarczuk, recientísima ganadora del Premio Nobel de Literatura junto con Peter Handke, es Rogers, Coleridge & White, de Londres. Lo supe porque otra autora del catálogo de la agencia, la mexicana Valeria Luiselli, retuiteó el aviso de aquélla. Entre las respuestas al tuit de la agencia está una felicitación a una agente en particular, Laurence Laluyaux, quien (supongo) es la representante de la empresa que trabaja directamente con Tokarczuk.

Muchas personas han cuestionado la validez de los Premios Nobel desde su establecimiento. Los de literatura, que poco a poco han llegado a convertirse en una validación no sólo artística sino comercial, han sido considerados, en ocasiones, puro negocio, realizado «en lo oscurito» entre la Academia y editores y agentes internacionales. No ayudó en nada el escándalo que llevó a la suspensión del Premio el año pasado, y que reveló tratos sucios e incidentes de acoso sexual encubiertos y tal vez hasta propiciados por la Academia.

Y sin embargo, el Premio Nobel de Literatura le ha atinado en más de una ocasión: así como ha premiado a autores hoy olvidados y de mérito bastante cuestionable (que me perdonen Sully Prudhomme, Pearl S. Buck y compañía), también ha mostrado al mundo obras realmente notables que de otro modo no hubieran tenido los lectores que merecían. Este puede ser –como insisten los análisis más cínicos– un efecto colateral, no buscado, de negociaciones en las que cuentan más la codicia de empresas e instituciones y la vanidad de los escritores «premiables»; pero lo cierto es que sucede. Conozco la obra del austriaco Peter Handke, quien durante mucho tiempo había sido candidato al Nobel y es un dramaturgo y narrador extraordinario; pero ahora podré agregar (tal vez) la obra de Olga Tokarczuk a las de Alice Munro, Saul Bellow, Wislawa Szymborska, Doris Lessing, Toni Morrison, Pär Lagerkvist, Derek Walcott o William Faulkner: grandes libros que conocí porque ganaron en Estocolmo.

Dicho lo anterior, algo que sí parece más claro es que la Academia Sueca intentó evitar polémicas con estos premios, otorgados a autores europeos conocidos y cuyo valor, hasta donde entiendo, no se cuestiona. Habrá que ver en el futuro si se arriesga más –más que este año, más de lo que lo ha hecho siempre– y mira un poco más allá de lo que le ofrecen, sí, los grandes conglomerados editoriales del occidente y las jerarquías implícitas de los idiomas, el poder político y las divisiones raciales. En esta época, actuar así sería hacerle un favor al mundo.


Nota: para conocer la obra de Peter Handke, se puede empezar por Kaspar (1967), que retoma un caso extraño de la Historia real para hablar de la deshumanización de la sociedad de su tiempo: en la obra, los individuos son manipulados constantemente por poderes terribles e indiferentes que utilizan los medios a su antojo. Es una obra visionaria: leerla hoy es ver una premonición del mundo saturado de información (y desinformación) de las redes sociales.

Agorero

La Feria del Libro de los Ángeles (LéaLA) vuelve como un festival literario cuyo lema para 2019 será «La frontera y sus metáforas». Como me tocará participar, del diario Excélsior me preguntaron cómo podría abordar ese asunto, para un reportaje que se hizo sobre el tema. Escribí los párrafos que dejo aquí y que fueron citados parcialmente en la nota. Si sobreviven algunas décadas, servirán para ver si fui exagerado o agorero. Gracias a Virginia Bautista.

Nota aparecida en el diario Excélsior el 22 de septiembre de 2019
Nota aparecida en el diario Excélsior el 22 de septiembre de 2019 (clic para ampliar)

La generación a la que pertenezco está pasando un muy mal rato con el auge actual del pensamiento retrógrado, incluyendo la xenofobia. Fuimos quienes llegamos ya adultos, pero aún jóvenes, a lo que se anunció como la consumación de la apertura y las posibilidades de reconocimiento humano gracias a la tecnología digital. Y lo que estamos viendo –al menos cuando queremos verlo– es el retorno de un mal que nuestras clases de historia daban por enterrado, muerto definitivamente. Algunos optan por afiliarse a las tendencias de moda, como la discriminación contra los migrantes centroamericanos que llegan a México; otros pensamos que hace falta algo diferente.

No vivimos, y espero que no nos toque vivir, un tiempo de persecución sistemática como el que vivieron millones de europeos a mediados del siglo XX, o como el que viven hoy grandes poblaciones en el medio oriente o el sureste asiático. Pero no podemos quedarnos sin hacer nada ante los primeros signos de crímenes contra la humanidad que todavía pueden sobrevenir, tanto en nuestro propio país como contra las poblaciones de origen mexicano fuera de él. A lo mejor decir esto ahora, en 2019, suena excesivamente lúgubre, pesimista; pero la Historia muestra que catástrofes como las del siglo XX no suceden de la noche a la mañana sino que se gestan durante años o décadas. El tiempo para hablar de las fronteras y denunciar lo que el racismo quiere lograr con ellas es ahora.

De traducciones

Junto con Raquel, estoy traduciendo cuentos de Edgar Allan Poe para una (muy próxima) edición. Pensando en ellos pienso en la traducción. (Tal vez algo de esta nota aparezca en el prólogo de aquel libro. Este es uno de los cuentos.)

¿Qué sentido tiene traducir a un autor ya traducido, y cuyas obras circulan ampliamente? ¿No bastaría con reeditar la traducción más celebrada (que en este caso sería la de Julio Cortázar)?

No. Así como toda obra en su lengua original se va alejando de los lectores vivos de esa lengua, así también las traducciones se alejan de aquellos a quien pueden servir. Por eso necesitan renovarse: ser más, ser otras, intentar otros acercamientos tanto con la lengua de su fuente como con la de su lugar y su tiempo.

Las traducciones no reemplazan a las obras: las acompañan en su camino a nuevos lectores, y lo hacen durante sólo una parte de su trayecto por sólo una parte del mundo.

Una nueva traducción puede no pretender ser “mejor” que las precedentes, no intentar volverlas «obsoletas», sino plantearse desde otro objetivo: contribuir a la marcha de la obra, desempolvar algunas de sus resonancias, dar a otras un giro distinto; hablarle a quienes la leerán en su propio tiempo.

Esto tendrá que bastar para seguir.

#TallerFugaz 2019

Está en marcha el #TallerFugaz, un concurso virtual y efímero de escritura que se organiza dentro de Wordfest 3.0, festival mexicano de cultura digital. Ya se había hecho el año pasado y vuelve: nuevamente, José Luis Zárate (querido amigo y colega) y yo mismo somos su jurado. Es una parte virtual del festival, en la que también hay conferencias y proyectos digitales como El vértigo de las listas, de Julián Herbert.

Cada día, en el sitio del #TallerFugaz aparece una consigna de escritura para hacer un ejercicio: José Luis y yo comentaremos los trabajos recibidos y uno ganará un premio.

Me gustan los ejercicios como el del #TallerFugaz por breves (aunque el trabajo no se reduce por poco que duren) y porque son de los lugares –virtuales: de la imaginación– que nos quedan en internet para que pequeñas comunidades de intereses comunes aparezcan, se desarrollen y concluyan alrededor de la escritura. En la década pasada, esto parecía ser una tendencia mayoritaria y creciente. Entonces llegaron las redes sociales. Pero internet no es sólo Facebook. Todavía no.

Cuatro novelas distópicas

Cada tanto iré reproduciendo aquí algunos artículos míos ya publicados. Este es un fragmento del prólogo que escribí en 2018 para la edición de cuatro novelas distópicas publicada por Editores Mexicanos Unidos.


Las tres distopías más famosas e influyentes del siglo XX aparecen en este volumen. Son las novelas Nosotros de Yevgeni Zamiatin (1924), Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932) y 1984 de George Orwell (1949). Cada uno a su manera, estos tres autores escribieron pensando en el auge de algún tipo de totalitarismo concreto que ocurría en el mundo mientras ellos creaban sus obras, y vertieron en ellas el miedo que les daba el avance de la opresión o el sufrimiento humano que estaba delante de ellos. He aquí algunas palabras sobre cada una de esas novelas.

Nosotros. El ruso Zamiatin (1884-1937), que alternaba la escritura con la ingeniería naval, se formó en los últimos años del régimen zarista y apoyó la Revolución Rusa, lo que lo llevó a padecer cárcel y exilio. Sin embargo, en los años posteriores al triunfo revolucionario y el ascenso al poder del Partido Comunista de la Unión Soviética, Zamiatin empezó a desconfiar del gobierno y, en especial, de sus campañas de censura de los medios y las artes. Nosotros es un texto satírico: la imagen de una sociedad represiva en la que los excesos del régimen soviético –que aún no llegaba a los horrores del periodo estalinista– son llevados al extremo más absurdo. La novela se desarrolla en una ciudad estado cuyos edificios están hechos de cristal, para que nadie tenga privacidad alguna; en la que las personas, en vez de nombre, se identifican mediante una clave alfanumérica; en la que todos los aspectos de la vida, incluyendo las relaciones sentimentales y la procreación, están fuertemente reglamentados, y en la que el fin último de la tecnología es el control. El libro se completó en 1921 pero su publicación fue prohibida: apareció por primera vez hasta 1924, en una traducción inglesa publicada en los Estados Unidos, y en su idioma original hasta 1927, en una edición clandestina. Zamiatin fue incluido en una lista negra que le volvió cada vez más difícil trabajar en su país, del que terminó exiliándose en 1931. Murió, reducido a la pobreza, en la ciudad de París.

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Lolita escribe una carta a Stanley Kubrick

Cada tanto iré reproduciendo aquí algunos artículos míos ya publicados. Este apareció en 2015 en la revista Letras Libres.


La exposición retrospectiva de Stanley Kubrick organizada por el Deutsches Filmmuseum, la University of the Arts de Londres y la familia del cineasta lleva años de gira por el mundo. Las piezas están en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) mientras escribo esta nota: vestuario, utilería, documentos de producción, libros y revistas, cartas, cámaras fotográficas y de cine, agrupados en relación con la filmografía de Kubrick y dispuestos en orden cronológico.

 En la sala dedicada a Lolita (1962) hay, sobre todo, fotografías y transparencias de Sue Lyon: la jovencísima modelo y actriz principiante que Kubrick y su productor, James B. Harris, seleccionaron para interpretar el papel de la nínfula que obsesiona al pederasta Humbert Humbert (James Mason). Tomas de estudio y en exteriores la muestran bellísima, inocente y pícara como estrella adolescente de hoy. En otra foto, como tíos celosos, la flanquean Kubrick, Harris, Mason y Vladimir Nabokov (autor de la novela Lolita, por supuesto, y de la primera versión del guión, de la que poco se ve en la película filmada) y ella se ve espontánea, ligera, en una pose como las mejores de Marilyn Monroe. Es una imagen memorable de la historia del cine.

Pero la foto más interesante es de un hombre y una mujer de aspecto ordinario, visiblemente de más de cuarenta años, sentados en la banca de un parque con caras relajadas y contentas. La imagen está mal encuadrada y fue impresa, sin duda, en un centro de revelado automatizado, de los que abundaban a fines del siglo XX. La acompaña una carta fechada en 1994:

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Varias partidas

Ayer se anunció en redes sociales la muerte de Juan Manuel García Junco, un promotor cultural de larga carrera en la ciudad de México conocido como H. Pascal. Es el séptimo fallecimiento en lo que va del año de una persona del «medio cultural» mexicano a la que conocí. Los otros son los del poeta de origen panameño Roberto Fernández Iglesias, que fue uno de mis primeros maestros de escritura y también un gran promotor cultural en Toluca, mi ciudad natal; Ramón Córdoba, editor en Alfaguara, con quien no trabajé pero que sí editó a muchos contemporáneos y a una buena cantidad de autores muy prestigiosos, incluyendo a Xavier Velasco y Carlos Fuentes; Mayra Inzunza, escritora considerada una gran promesa literaria en los años noventa, que posteriormente se apartó de la publicación; Rocío González, poeta oaxaqueña, muy activa también desde los años noventa; Armando Vega-Gil, integrante de la banda Botellita de Jerez, articulista y novelista, quien se suicidó tras haber sido acusado de acoso; y Grace Quintanilla, artista interdisciplinaria, profesora y funcionaria.

Cada año sucede lo mismo, por supuesto: la cuenta de fallecimientos va creciendo y en los últimos meses se hacen los recuentos y obituarios. Con el paso del tiempo, algunos serán olvidados, con justicia o no, más rápidamente que otros (la muerte de Pascal ni siquiera fue reportada por la prensa). Pero varios de los nombres de la lista anterior son de personas que no sólo fueron mis contemporáneos, sino que incluso tenían más o menos la edad que yo tengo ahora. Me río cuando me presentan en algún evento y, leyendo una ficha copiada de algún sitio viejo de internet, me llaman «joven escritor» (no lo soy desde hace mucho: tengo 48 años y mi salud no es la mejor). Pero en estas muertes he entrevisto otras que vendrán: ya empieza el tiempo en el que mi generación va a desaparecer. Después quedarán los restos y los recuerdos que se salven.

Portada de una edición de Creaturas del abismo, antología reunida por H. Pascal (2004)