Vamos al cine

Theda Bara en su papel de Cleopatra (1917), una película censurada y hoy perdida

Una encomienda de escritura como ésta tiene, además, la ventaja de que permite descubrir cine del que se va alejando de nosotros. Películas de hace sesenta años o más pueden parecer remotas, pero justamente esa distancia da sentido a tratar de descubrirlas.

Aquí hay cinco grandes películas que pueden servir de base para el ejercicio:

Las manos de Orlac (Orlacs Hände, Robert Wiene, 1924)

Los espías (Spione, Fritz Lang, 1928)

Luna nueva (His Girl Friday, Howard Hawks, 1940)

Recuerda (Spellbound, Alfred Hitchcock, 1945)

El acorazado Potemkin (Bronenósets Potiomkin, Sergei Eisenstein, 1925)

Más ejercicios de #escritura en este sitio, en el archivo de Las Historias en o mi cuenta de Twitter

Lolita escribe una carta a Stanley Kubrick

Cada tanto iré reproduciendo aquí algunos artículos míos ya publicados. Este apareció en 2015 en la revista Letras Libres.


La exposición retrospectiva de Stanley Kubrick organizada por el Deutsches Filmmuseum, la University of the Arts de Londres y la familia del cineasta lleva años de gira por el mundo. Las piezas están en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) mientras escribo esta nota: vestuario, utilería, documentos de producción, libros y revistas, cartas, cámaras fotográficas y de cine, agrupados en relación con la filmografía de Kubrick y dispuestos en orden cronológico.

 En la sala dedicada a Lolita (1962) hay, sobre todo, fotografías y transparencias de Sue Lyon: la jovencísima modelo y actriz principiante que Kubrick y su productor, James B. Harris, seleccionaron para interpretar el papel de la nínfula que obsesiona al pederasta Humbert Humbert (James Mason). Tomas de estudio y en exteriores la muestran bellísima, inocente y pícara como estrella adolescente de hoy. En otra foto, como tíos celosos, la flanquean Kubrick, Harris, Mason y Vladimir Nabokov (autor de la novela Lolita, por supuesto, y de la primera versión del guión, de la que poco se ve en la película filmada) y ella se ve espontánea, ligera, en una pose como las mejores de Marilyn Monroe. Es una imagen memorable de la historia del cine.

Pero la foto más interesante es de un hombre y una mujer de aspecto ordinario, visiblemente de más de cuarenta años, sentados en la banca de un parque con caras relajadas y contentas. La imagen está mal encuadrada y fue impresa, sin duda, en un centro de revelado automatizado, de los que abundaban a fines del siglo XX. La acompaña una carta fechada en 1994:

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