El señor Perdurabo

Un relato autobiográfico que apareció inicialmente en la antología Trazos en el espejo (ERA). El título, como se explica en el texto mismo, se relaciona con la obra de Aleister Crowley (1875-1947), aquel célebre escritor, ocultista y provocador británico.

Yo no me siento tan cerca de quien era cuando escribí ese texto. Han pasado nueve años y muchos acontecimientos. Pero todo lo que cuento en él es verdad y sigue siendo «mi historia».

No es poca cosa. Muchas personas de mi edad, de modo entre sarcástico y lastimero, han llegado a una etapa de llamarse a sí mismas «viejas», como se puede ver cualquier día en las redes sociales. Es un gesto hueco, exhibicionista como tantos otros, pero proviene de un sentimiento real de desolación que muchos otros sintieron antes de nosotros y que, por lo general, nadie en esta época aprende a prever ni a aceptar.

Los seres humanos somos creadores de patrones, ritmos, historias: necesitamos asignar una forma a nuestra propia vida para justificarla, para creer que tiene un sentido…, pero en esta época las historias que aprendemos a ansiar para nuestras propias vidas son, todas, relatos de juventud, de poder, de riqueza. Y la mayor parte de nosotros sólo tendrá la primera, y eso por poco tiempo.