El señor Perdurabo

Un relato autobiográfico que apareció inicialmente en la antología Trazos en el espejo (ERA). El título, como se explica en el texto mismo, se relaciona con la obra de Aleister Crowley (1875-1947), aquel célebre escritor, ocultista y provocador británico.

Yo no me siento tan cerca de quien era cuando escribí ese texto. Han pasado nueve años y muchos acontecimientos. Pero todo lo que cuento en él es verdad y sigue siendo «mi historia».

No es poca cosa. Muchas personas de mi edad, de modo entre sarcástico y lastimero, han llegado a una etapa de llamarse a sí mismas «viejas», como se puede ver cualquier día en las redes sociales. Es un gesto hueco, exhibicionista como tantos otros, pero proviene de un sentimiento real de desolación que muchos otros sintieron antes de nosotros y que, por lo general, nadie en esta época aprende a prever ni a aceptar.

Los seres humanos somos creadores de patrones, ritmos, historias: necesitamos asignar una forma a nuestra propia vida para justificarla, para creer que tiene un sentido…, pero en esta época las historias que aprendemos a ansiar para nuestras propias vidas son, todas, relatos de juventud, de poder, de riqueza. Y la mayor parte de nosotros sólo tendrá la primera, y eso por poco tiempo.

Varias partidas

Ayer se anunció en redes sociales la muerte de Juan Manuel García Junco, un promotor cultural de larga carrera en la ciudad de México conocido como H. Pascal. Es el séptimo fallecimiento en lo que va del año de una persona del «medio cultural» mexicano a la que conocí. Los otros son los del poeta de origen panameño Roberto Fernández Iglesias, que fue uno de mis primeros maestros de escritura y también un gran promotor cultural en Toluca, mi ciudad natal; Ramón Córdoba, editor en Alfaguara, con quien no trabajé pero que sí editó a muchos contemporáneos y a una buena cantidad de autores muy prestigiosos, incluyendo a Xavier Velasco y Carlos Fuentes; Mayra Inzunza, escritora considerada una gran promesa literaria en los años noventa, que posteriormente se apartó de la publicación; Rocío González, poeta oaxaqueña, muy activa también desde los años noventa; Armando Vega-Gil, integrante de la banda Botellita de Jerez, articulista y novelista, quien se suicidó tras haber sido acusado de acoso; y Grace Quintanilla, artista interdisciplinaria, profesora y funcionaria.

Cada año sucede lo mismo, por supuesto: la cuenta de fallecimientos va creciendo y en los últimos meses se hacen los recuentos y obituarios. Con el paso del tiempo, algunos serán olvidados, con justicia o no, más rápidamente que otros (la muerte de Pascal ni siquiera fue reportada por la prensa). Pero varios de los nombres de la lista anterior son de personas que no sólo fueron mis contemporáneos, sino que incluso tenían más o menos la edad que yo tengo ahora. Me río cuando me presentan en algún evento y, leyendo una ficha copiada de algún sitio viejo de internet, me llaman «joven escritor» (no lo soy desde hace mucho: tengo 48 años y mi salud no es la mejor). Pero en estas muertes he entrevisto otras que vendrán: ya empieza el tiempo en el que mi generación va a desaparecer. Después quedarán los restos y los recuerdos que se salven.

Portada de una edición de Creaturas del abismo, antología reunida por H. Pascal (2004)